| 113.
ALBERT CAMUS Albert Camus
nació en Mondovi la actual Drean, cerca de Bône en Argelia, el 7
de noviembre de 1913, fue periodista, novelista, ensayista, dramaturgo y filósofo. Nació
en una familia de colonos franceses dedicados al cultivo del anacardo en el departamento
de Constantina. Su madre, Catalina Elena Sintés, nacida en Birkadem, Argelia,
y de familia originaria de Menorca, era analfabeta y casi totalmente sorda. Su
padre, Lucien Camus, trabajaba en una finca vitivinícola cerca de Mondovi
y era de origen alsaciano como otros muchos pieds-noirs que habían huido
tras la anexión de Alsacia a Alemania, tras la Guerra Franco-Prusiana.
Movilizado durante la Primera Guerra Mundial, fue herido en combate durante la
batalla del Marne y falleció en el hospital de Saint-Brieuc el 17 de octubre
de 1914 a la temprana edad de 28 años, poco tiempo después del nacimiento
de su segundo hijo Lucien, hecho que propició el traslado de la familia
a Argel a casa de su abuela materna. Las autoridades militares francesas tuvieron
la delicadeza de enviar a la viuda el trozo de metralla que había puesto
fin a la vida de su marido y que esta conservó durante toda su vida en
una caja de galletas. Su madre quedó bajo el dominio de la abuela materna
de Albert, convirtiéndose en criada de su madre. Albert la describió
en su póstuma novela autobiográfica "El primer hombre"
con una cierta ternura, distante y tímida, como una mujer taciturna que
gustaba pasar horas sentada en la oscuridad, al lado de la ventana. De su progenitor,
Albert, sólo tenía una fotografía y una significativa anécdota:
su señalada repugnancia ante el espectáculo de una ejecución
por pena de muerte. Albert fue educado por su madre, con la ayuda de su autoritaria
abuela materna y de su tío, un carnicero de Argel. 
Albert Camus en primer plano, con una camisa negra, en 1920 en la carnicería
de su tío.
Foto Mael Monnier El
pequeño Albert creció en Argel, en el distrito de Belcourt, como
un pied-noir cualquiera, término utilizado originalmente para referirse
a los soldados argelinos que participaron en la Primera Guerra Mundial y retomado
a mediados de los años 50 a raíz de la lucha de la población
árabe por la independencia de esta colonia francesa, para designar a los
hijos de inmigrantes franceses nacidos y educados en suelo argelino. Su abuela
materna era quien hizo las veces de cabeza de familia y prefería que sus
dos nietos solo completasen la educación primaria, para que se integraran
al mercado laboral lo antes posible. Gracias a uno de sus maestros, Louis Germain,
que fue su tutor en la Escuela Primaria Comunal CM2 en 1923 y le preparó
para su ingreso en el Lyceé Bugeaud de Alger en 1924, pudo el joven Albert
continuar sus estudios. Siempre le guardó total gratitud, hasta el punto
de dedicarle su discurso al otorgarle el Premio Nobel. 
Albert Camus con 11 años, después de su comunión.
Foto Mael Monnier El
fútbol y la literatura fueron las dos grandes pasiones de juventud de Albert
Camus. Entre 1928 y 1930 fue portero del Racing Universitaire d'Algiers; años
más tarde manifestó, en una entrevista, con el innegable entusiasmo
por la exageración de la sangre española en sus venas, que todo
su sentido de la ética lo había aprendido en el campo de fútbol.
En 1929 empezó a leer a André Gide y en 1930 terminó el bachillerato,
echando a perder sus anhelos deportivos la tuberculosis de la que enfermó
en aquella época. En 1931, ya en la Escuela Normal Superior, también
fue alentado a continuar sus estudios por Jean Grenier, quien lo inició
en la lectura de los filósofos y especialmente le dio a conocer a Nietzsche.
Comenzó a escribir a muy temprana edad, sus primeros textos fueron publicados
en la revista "Sud" en 1932, a los 19 años de edad. Este mismo
año se matriculó en Letras en la Universidad de Argel, en junio
de 1934 se casó con Simone Hié, de la que se separó dos años
más tarde y también se afilió al Partido Comunista. En
1935 comenzó a escribir la colección de ensayos medio autobiográficos
medio simbólicos "El revés y el derecho" (L'envers et
l'endroit), que fue publicada dos años más tarde en 1937 y en los
que aparecieron ya sus grandes temas de la madurez: la muerte, el sol, el Mediterráneo,
el aislamiento, el destino del hombre, la relación entre la desesperanza
y la felicidad,... En Argel, en 1936, fundó el "Théâtre
du Travail" que fue reemplazado por el "Théâtre de l'Equipe"
en 1937. Fue un taller de teatro para aficionados, que representaba obras clásicas
ante un auditorio integrado por trabajadores y en el que Camus fue actor, director
de escena y adaptador, representando obras tales como: "Tiempo de desprecio"
de Malraux, el "Prometeo" de Esquilo, "Los bajos fondos" de
Gorki, "El regreso del hijo pródigo" de Gide y "Los hermanos
Karamazov" de Dostoïevski en adaptación de Copeau, que se representó
en 1938. Cuando en 1934 la derecha española reprimió cruelmente
la rebelión minera en Asturias; Camus, Siscard, Bourgois y Poignat, crearon
una pieza de teatro titulada "Rebelión en Asturias" (Révolte
dans les Asturies) en la que denunciaban el hecho y se mostraban a favor de los
mineros españoles. En 1936 después de terminar sus estudios de Filosofía
en la Universidad de Argel, se preparó para obtener el diploma de Estudios
Superiores en Filosofía y Letras con un trabajo sobre "Las relaciones
entre el neoplatonismo y la metafísica cristiana", impidiéndole
la tuberculosis participar en el examen de licenciatura. Este mismo año
escribió su primera novela "La muerte feliz" (La mort heureuse)
que se mantuvo inédita hasta 1971 y en la que su héroe, modelo del
egoísmo, es una figura muy nietzscheana alejada de toda preocupación
histórica. En 1937 de nuevo la tuberculosis le llevó a guardar cama
y le impidió: presentarse a las oposiciones -fue rechazado dos veces en
el exámen médico- y su entrada al profesorado al que estaba destinado.
Este mismo año abandonó el Partido Comunista, pues le ordenó
revisar sus convicciones favorables a las reivindicaciones musulmanas; además
de tener serias discrepancias con el pacto germano-soviético y dar su apoyo
a la autonomía del PC argelino respecto al PC francés. Pero siguió
con su antifascismo, anticolonialismo y antiimperialismo. En 1938 fundó
con Pascal Pia el periódico "Alger Républicain" en el
que causó escándalo su posición contra la opresión
colonial y contra la tutela que mantenía en la miseria al pueblo musulmán.
Mientras tanto viajó intensamente por Europa. A continuación entró
a trabajar en el "Soir Républicain" órgano del Frente
Popular Argelino, en el que su investigación "La miseria de la Kabylia"
tuvo un resonante impacto. En 1939 publicó el conjunto de artículos
"Bodas" (Noces), que incluyeron numerosas reflexiones inspiradas en
sus lecturas y viajes, unos relatos líricos sobre paisajes mediterráneos.
Cuando el bando franquista ganó la Guerra Civil española, Albert
Camus mostró su desacuerdo con dicha victoria, por lo que nunca fue un
escritor bien visto por el régimen dictatorial español. Por esta
razón y por el gran apoyo que desde el primer momento prestó al
bando republicano, se le nombró Comendador en la Orden de la Liberación
de España; el título se lo otorgó Diego Martínez,
el entonces Presidente de la República. En 1940 el Gobierno General de
Argelia prohibió la publicación del mencionado periódico
y maniobró para que Albert Camus no pudiera encontrar trabajo de ninguna
manera. Emigró entonces a París y trabajó como secretario
de redacción en el diario "Paris-Soir" al que siguió a
Clermont-Ferrand después del Armisticio y después a Lyon. También
en 1940 se volvió a casar, haciéndolo esta vez con Francine Faure,
que le dio dos hijos gemelos Catherine y Jean. Siempre había dicho a sus
amigos que no era partidario de la institución del matrimonio, pero el
casarse no le privó de tener diferentes relaciones extra matrimoniales.
En 1941 ingresó en la Resistencia Francesa y en la redacción de
su periódico clandestino "Combat". Albert
Camus empezó a ser conocido el 15 de junio de 1942, cuando se publicó
probablemente su obra maestra, la novela corta ambientada en Argelia "El
extranjero" (L'etranger), con una tirada de cuatro mil ejemplares y una reimpresión
de cuatro mil cuatrocientos seis, meses después. El argumento de la novela
relata la vida de Mersault, un joven pied-noir que recibe un telegrama anunciando
la muerte de su madre, a quien había decidido enviar a un asilo de ancianos
puesto que ya no tenían nada más que decirse. El joven Mersault
toma un par de días de descanso de su trabajo para asistir al funeral de
su madre, durante el cual no siente ni manifiesta congoja alguna y sólo
le incomoda el calor implacable del verano argelino y el no poder fumar delante
del féretro. Mersault exagera su honestidad hasta tal punto, que se niega
a decir que amaba a su madre. De vuelta a la ciudad se encuentra con Marie una
antigua compañera de trabajo con quien inicia una relación amorosa
y a la que manifiesta estar dispuesto a casarse con ella, a pesar de estar convencido
de no amarla. En esos días traba amistad con Raimundo, un sujeto que aparenta
ser un proxeneta y que se halla en problemas con un grupo de árabes argelinos.
Con María y Raimundo, Mersault puede reconstruir la familia que la muerte
de la madre le ha hecho perder irremediablemente. En un paseo por la playa, el
nuevo amigo de Mersault es amenazado por un grupo de árabes, en el incidente
Mersault revolver en mano y deslumbrado por el sol dispara varias veces sobre
uno de ellos hasta matarlo. Mersault es procesado en una atmósfera kafkiana
y el tribunal establece que no ha llorado por la muerte de su madre, que tiene
relaciones sexuales extramaritales con una mujer apenas dos días después
del fallecimiento de su progenitora y, según su propio testimonio, ha disparado
contra el árabe "a sangre fría" porque le dolía
la cabeza y la luz del sol le había deslumbradono, sin apenas conmoverse
por el hecho de haber asesinado a un ser humano. Es hallado culpable y condenado
a muerte. El tribunal le presenta como una persona frívola lo que extraña
al protagonista, intuyendo con certeza que lo que en realidad les molesta y ofende
a aquellos que lo juzgan no es su carácter de homicida, sino que la acusación
principal se sostiene en el hecho de que el protagonista no posee sentimiento
de culpa alguno. Frente al capellán de la prisión en la víspera
de su ejecución, manifiesta su ateísmo, su falta de temor ante la
muerte y la conciencia de la indiferencia absoluta entre morir un día u
otro. Su único deseo, al final, es acudir al patíbulo rodeado por
los gritos de odio de la multitud enfebrecida. Al pie de la guillotina, adquiere
al fin su dignidad de hombre. Su último deseo es constatar el odio de la
multitud, el cumplimiento del cual le otorgaría, in extremis, el alivio
de la certidumbre producida por la concordancia entre sus sentimientos de autorechazo
y el rechazo manifiesto hacía él de todo el cuerpo social. Mersault
-un juego de palabras ligado a la relación que tenía con el clima
de su Argelia natal, constituido por las palabras mar y sal- es un héroe
absurdo con una resonancia profundamente humana que vive la escisión entre
razón-sensación-emoción y reacciona sin razón ni motivo
aparente, es el prototípico de una novela sin esperanza, escrita incluso
contra toda esperanza, y que termina por lo tanto con una promesa. Argelia era
la patria de Camus, idealizada como la patria de todos los que han tenido la suerte
de poder llamar así al lugar de nacimiento, en su mente Argelia es la madre,
literal y figurada. Esta Argelia idealizada hasta la asepsia, cuyo mar es telón
de fondo de los amores de Mersault y Marie, que ostenta un sol implacable como
fuente inagotable de luz y de calor, capaz de llevar, fatalmente, a Mersault al
homicidio; es el instrumento de una darwiniana venganza contra quienes abusan
de su hospitalidad. Desde luego la visión de Camus, por limitada, selectiva
y hasta prejuiciada que pueda resultar, no es la de los grandes terratenientes
de origen francés -que constituyeron la base social de las formas mas reaccionarias
y crueles- del movimiento por la preservación del estatus colonial de Argelia;
es la visión lírica de un poeta cuyos afectos nublan su entendimiento
y que, extraño a la lógica, a la justicia y a la realidad misma
prefiere las dulzuras del sueño a las ingratas durezas de la vigilia, a
la cual corresponde el rudo despertar representado por el conflicto armado. La
Argelia amada por Camus se encuentra en su imaginación, en sus novelas
y sus cuentos. El pasaje de "El extranjero",
en el que el protagonista asesina a tiros al árabe, sirvió de inspiración
para la letra de "Killing an arab", la canción del grupo inglés
"The Cure". La canción refleja con fidelidad la apatía,
tal vez amoralidad del protagonista, a quien ni siquiera conmueve el hecho de
matar a un ser humano. "El extranjero" expresa una cierta peculiaridad
hipnótica que, aunada al ritmo y la brevedad de la narración, logra
convertirla en uno de esos escasos libros que se hacen leer de un tirón.
Desde el primer párrafo Camus nos sumerge en el terreno de lo absurdo que,
sin embargo, nos resulta siniestramente familiar pues tal absurdo es un fiel reflejo
de la existencia del hombre moderno, en el que lo cotidiano y lo extraordinario,
lo predecible y lo inexplicable se alternan de manera aleatoriamente aleatoria,
simplemente suceden y en el que esa absurda sucesión de fenómenos
absurdos conocida como la vida, es presentado en la novela con la vertiginosa
trepidancia propia de la misma. Partiendo del absurdo como condición existencial
primaria y destino ineludible del sujeto, Albert Camus desarrolla una crítica
elegantemente mordaz e implacable de los valores de la sociedad burguesa, sumando
absurdo tras absurdo, expresados mediante la sacralización de la muerte,
la piedad artificial de los ritos funerarios y del propio luto, así, como
las conductas individuales y colectivas que los legitiman conformando un ineludible
círculo vicioso de prejuicios, hipocresía e ignorancia malintencionada
del cuál, una vez dentro, es absolutamente imposible escapar, pues de principio
a fin, de la cuna a la tumba cada existencia individual corresponde a la concretización
subjetiva de lo absurdo como rasgo definitorio y definitivo del hombre y del cosmos.
Como tema recurrente en toda su obra, el sistema judicial es la representación
última de la más absurda pretensión del hombre: creerse capaz
de distinguir valor alguno en las acciones de sus semejantes y llegar a la pretensión
de poder ejercer la justicia. Así dentro de la teatralidad totalizante
que es la existencia individual, se representa un segundo drama: una trágica
pantomima con niveles aún más patéticamente perversos de
histrionismo. En este teatro de la crueldad el actor por antonomasia, el histrión
último es el juez, impostor de Dios, representación de la incurable
necedad del hombre que, ciego a la verdad, se cree capaz de ejercer la justicia.
La novela refleja la influencia que el existencialismo tuvo sobre Camus. 
Retrato
de Albert Camus. Foto
Wikipedia El
16 de octubre de 1942 Albert Camus publicó el ensayo filosófico
"El mito de Sísifo" (Le mythe de Sosiphe) en el que analiza la
influencia del absurdo y el existencialismo, ofreciendo la primera descripción
coherente del sentimiento del absurdo, el reconocimiento profundo de la inanidad,
y la intranscendencia del hombre enfrentado al cosmos, a su destino y a la historia,
sólo rescatado cuando actúa "como si" pudiera cambiar
el universo. En el ensayo expuso sus ideas sobre temas como: el absurdo y el suicidio,
los muros absurdos y la libertad absurda, entre otros capítulos memorables,
como el propio que le da título al libro y "La esperanza y el absurdo,
en la obra de Franz Kafka". Partiendo del suicidio -<<el único
problema filosófico serio>>- Camus examinó la posibilidad
de crear muertos conscientes, es decir, de vivir sin ilusión. El propósito
central del ensayo es el suicidio como solución al problema planteado por
el absurdo de la existencia humana. El gran problema planteado es éste:
¿Cómo hacer coincidir el espíritu del hombre con su naturaleza,
su impulso hacia lo eterno y el carácter limitado de su existencia? ¿Tiene
validez el suicidio en este contexto?¿Resuelve la ecuación absurda?.
La respuesta de Camus es un rotundo no. El suicidio no es capaz de resolver el
problema del absurdo que cimenta la existencia humana, puesto que se limita a
eliminar uno de los factores de la ecuación y en lugar de contestar a la
pregunta la deshace. Para Albert Camus el absurdo se halla en el núcleo
mismo de la existencia subjetiva individual, como corolario del nihilismo metafísico
propio de la reflexión filosófica en la Modernidad. Tal nihilismo
era propio de las filosofías existenciales como las de Jaspers, Chestov,
Kierkegaard o Heidegger y se refiere críticamente a las mismas a propósito
de lo que denomina "suicidio filosófico", que lo describe como
el movimiento a través del cual un pensamiento se niega a sí mismo
al tiempo que tiende a autotranscenderse a través de esta negación.
El proceso culmina con el llamado "salto", en el que dichos filósofos
terminan por abandonar la rigidez de la reflexión ontológica para
volver sobre sus propios pasos y terminar colocando virtualmente en el lugar de
la Deidad aquello que por razones metodológicas se sitúa más
allá de los alcances de dicha reflexión. Para el hombre absurdo
-aquel que se caracteriza por haberse percatado del absurdo propio de la existencia
humana, inocente a priori y como tal virtuoso que no necesita de justificación
ninguna- Dios no es fuente de consuelo, ni de sentido, es el único digno
de ser considerado como su preceptor moral, su inspiración ética.
Camus utilizó a Dios como fuente exclusiva de la moralidad del hombre absurdo.
Puesto a elegir entre la "libertad absurda" y la "moral absurda"
se decidió por la primera, sostuvo que debido al carácter demostradamente
absurdo de la vida humana no justificaba, por ejemplo, el crimen pues sería
manifiestamente pueril (el argumento más débil en toda su exposición)
y afirmó que se puede ser virtuoso por capricho. Sólo existen dos
limitaciones a la realización plena de la "libertad absurda":
la muerte prematura y los límites, no necesariamente de orden moral, impuestos
primariamente por la razón del sujeto y por la única actitud posible
de ser coherente con la condición del "hombre absurdo": la rebelión,
que es la actitud del espíritu que se niega a conformarse con aquello y
únicamente con aquello, con lo cual ha sido provisto por su propia existencia,
y que es el terreno fecundo desde donde podrá alcanzar el hombre su única
redención posible: ese accionar que le aproxima, gesto a gesto, a lo divino
y cuyo más claro ejemplo se manifiesta mediante la creatividad como concretización
de las potencialidades de la imaginación. Camus se decidió, a fin
de cuentas, por una rebeldía que dé a la vida su grandeza, oponiendo
a la absurdidad del mundo una creación que la niegue, afirmando: <<Crear,
es vivir dos veces>>. El mito hace referencia a Sísifo que fue
considerado como el más astuto entre los hombres, únicamente comparable
con Odiseo -de quien era abuelo- en ingenio y atrevimiento, hasta el punto de
ganarse la antipatía de los demás hombres y llegar a ser considerado
como un dolor de cabeza para los propios Dioses. Los jueces de los muertos condenaron
a Sísifo a un castigo proporcional a su falta de respeto para con los habitantes
del Olimpo, concebido y preparado aún antes de que Hermes le hubiese hecho
regresar forzosamente al submundo: por toda la eternidad fue obligado a subir
un gigantesco peñasco por la ladera de una colina, de tal manera dispuesto
que una vez alcanzaba la cima de esta, rodaba de nuevo hacia la base de la misma
de modo que Sísifo debía volver a empujarla hasta la cumbre y así
per secula seculorum. No es pesimismo, si Sísifo avanza hacia la cima consciente
de que la piedra rodará cuesta abajo una vez más tan pronto alcance
la cumbre, es un realismo saludable que le ahorra frustraciones; no es optimismo
que valore la posibilidad de que la piedra finalmente se mantenga en la cima,
es tan posible como todo aquello capaz de ser imaginado y aunque no espera misericordia
alguna de los Dioses, muertos milenios ha, reos de su propia inhumanidad, de la
falta de empatía para con los hombres que terminó por traicionar,
finalmente, su inexistencia, es capaz de soñar la próxima jugarreta
que podrá hacerle a los Dioses orgulloso de su propia humanidad que ningún
castigo, de origen humano ni divino es capaz de escamotearle, de no desmayar en
la valoración y mantenimiento de sus potencialidades. El hombre es mortal
y si bien sabe que morirá, no tiene manera de saber cuando puede precisamente
ocurrir, y ocurre, en cualquier momento, cruel lotería capaz de llevar
a la esquizofrenia a la mas lúcida de las conciencias. El sujeto debe desembarazarse
de la propia conciencia de su efímera individualidad y llevar a cabo una
osadía digna de Sísifo: sustituir por otro u otros el predicable
mortal, frágil y convertirse en sujeto de las operaciones exclusivas del
espíritu humano (o ente psicológico, si se quiere) que necesariamente
deben disfrazar de trascendencia su contingencia esencial, de plasticidad su ineludible
carácter azaroso, de proyectar en el espacio-tiempo aquello que se halla
atrapado eternamente en el aquí y en el ahora y que debe por tanto sacrificar
la conciencia de su inmediatez en aras de la construcción de una finalidad
que le es ajena. Se valió, primariamente
de personajes de ficción a la hora de intentar construir un prototipo del
hombre absurdo, específicamente del Don Juan (de hecho hace del donjuanismo
una subcategoría motu propio del comportamiento del hombre absurdo). En
un segundo momento buscó los rasgos del hombre absurdo en ese personaje
que se hace y deshace en personajes sobre la escena: el actor. Finalmente, en
el apéndice "La esperanza y el absurdo en la obra de Franz Kafka"
delimitó maravillosamente las coordenadas de la existencia absurda, siendo
precisamente la esperanza la forma prevalente y peculiar de la misma. Camus afirmó:
<<Kafka se vale de lo cotidiano para expresar la tragedia y de la lógica
para expresar el absurdo>>. Camus analizó tres novelas de Kafka:
"La metamorfosis", "El proceso" y "El castillo".
"La metamorfosis" representa la imaginería horrenda propia de
una ética de la lucidez y la incalculable sorpresa que produce en el sujeto
la súbita conciencia de la bestia humana en la cual es capaz de convertirse
sin que medie apenas esfuerzo alguno. En "El proceso", el personaje
central Joseph K. -representación de un ciudadano europeo cualquiera- se
ve súbitamente procesado, condenado y, finalmente ejecutado en una alucinante
odisea jurídica, clara alegoría del destino individual del hombre
que va envolviéndole en sus redes mientras este se desenvuelve normalmente
en su cotidianeidad hasta que, finalmente, le sorprende la muerte, esa condena
que todos compartimos como culpables de la propia existencia. En "El castillo"
se introduce sutilmente la esperanza bajo el aspecto inicial de la determinación
ciega de K. de llevar a cabo la misión que se le ha encomendado en las
tierras del castillo, hasta trastocarse en un adaptación a las exigencias
de un poder ciego, caprichoso y cruel, representación de una Deidad ininteligible,
a la cual el hombre aplastado por su poder omnímodo termina aferrándose.
K. parece interpretar las órdenes silenciosas emanadas del castillo, se
hace habitante de la villa formada por los trabajadores del mismo y se asocia,
mediante el matrimonio, con quien ha sido definitiva e irreversiblemente apartada
del castillo, Amalia que se negó a aceptar las proposiciones indecorosas
de uno de los oficiales del castillo. Mediante este gesto, K. sacrifica el propio
honor a Dios, a quien todo pertenece y a través de éste el autor
pasa del amor incondicional hacia la Deidad a la edificación del absurdo,
ese Dios incomprensible a quien el hombre pasa toda la vida intentando vanamente
agradar. Así, la enfermedad manifiesta en "El proceso" como desesperanza
y desamparo encuentra tratamiento en "El castillo" como rendición
incondicional y definitiva ante un Dios perdido en la distancia y en el silencio:
un placebo revestido de divinidad, capaz de calmar la hoguera de temor y desesperanza
encendida en el corazón del hombre por los rasgos propios de la condición
humana. 
Retrato de Albert Camus.
Foto Aarkangel Albert
Camus tuvo amistad con Jean-Paul Sartre, hicieron juntos colaboraciones, y tuvieron
un debate final, aunque la ruptura nunca tuvo lugar realmente. La confusión
entre las cartas a Sartre enviadas en la década de 1932 al 1954 fue el
indicador de que Camus negaba su influencia, achacándola a malentendidos
intencionados. Futuras indagaciones siembran dudas sobre la autoría real
de esas cartas. Aunque la concepción del mundo lo emparentó con
el existencialismo de Sartre y su definición del hombre como "pasión
inútil", las relaciones entre ambos estuvieron marcadas por una agria
polémica. Mientras Sartre lo acusaba de independencia de criterio, de esterilidad
y de ineficacia, Camus tachaba de inmoral la vinculación política
de aquél con el comunismo. Camus nunca quiso ser asociado con tal o cual
corriente filosófica, especialmente se mostró reticente a ser catalogado
como existencialista. En una entrevista para la publicación "Les Temps
Modernes", el propio Camus llegó a definirse a si mismo como "absurdista".
En toda la obra de Camus el hombre es colocado en las antípodas de la "pasión
inútil" de Sartre y es efectivamente rescatado de todos los ismos
que amenazan el núcleo de su humanidad. Camus es el abogado defensor del
hombre ante la sociedad, ante el estado, la religión en todas sus formas
(llámese mercado, revolución o ley), ante Dios, ante la filosofía,
ante la moral y ante los hombres. Por ello su obra incluye una antropología
básica destinada a rescatar la dignidad de cada ser humano ante las propuestas
filosóficas y los hechos históricos correspondientes. En 1943
trabajó como lector de textos para la editorial parisina Gallimard y en
1944 estrenó con Gérard Philipe el drama "Calígula"
(Caligula) que prolongó su línea de pensamiento que tanto debió
al existencialismo. El argumento de la obra se basa en la vida del emperador de
Roma, que se vuele loco al morir su hermana que también es a la vez su
amada. Calígula desaparece unos días, regresando totalmente transformado,
pues quiere conseguir cosas imposibles como la luna o cambiar el orden de la naturaleza.
En realidad lleva a cabo una lógica que no es tan incomprensible, piensa
que si lo único importante es conseguir dinero y no importa la vida humana,
ordenará a todos sus súbditos que hagan testamento al estado y así
cuando necesite dinero lo único que habrá que hacer será
ejecutarlos arbitrariamente, incluso a padres e hijos de sus mejores amigos. Por
otro lado, ya que que tiene el poder, lo debe utilizar sin límites, para
ello tiene que ser un hombre totalmente libre, tanto como lo son los Dioses. A
partir de entonces ordena matar por doquier, ordena cuando se debe pasar hambre,
comete todo tipo de atrocidades y desea finalmente convertirse en un Dios, para
lo cual debe ser igual de cruel que todos los otros Dioses. Su actitud disgusta
a la gente y a los patricios en particular, que promueven un movimiento en contra
suya capitaneado por Quereas, el cual cuatro años más tarde ejecuta
un plan dando muerte al tirano emperador, al ser apuñalado por todos y
cada uno de sus secuaces. También en 1943 estrenó el drama
en tres actos "El malentendido" (Le malentendu). El argumento de la
obra se basa en una madre y una hija que viven en un pequeño hotel de alta
montaña, en Bohemia. Los huéspedes no abundan y, de modo sistemático,
las dos mujeres matan fríamente a quienes se alojan allí, para robarles,
con el fin de reunir suficiente dinero para que la joven pueda huir hacia el mar,
meta de su existencia. Estos dos siniestros personajes creían que el dinero
es el único medio para conquistar la libertad. Hasta que un día,
tras veinte años de ausencia, se presenta en el hotel el hijo que ha hecho
fortuna en el extranjero. Regresa ilusionado, pensando sobre todo en el bienestar
de su madre y de su hermana. Ni la una ni la otra lo reconocen y, mientras tanto,
él juega a esperar el momento propicio para darse a conocer o que, al fin,
lo reconozcan, pero nada de esto ocurre y fatalmente corre la misma suerte que
los demás. Consumado el crimen, las mujeres registran sus papeles y descubren
su identidad. La madre, enloquecida, se arroja al mismo río al que tiraron
el cadáver. La hermana, después de decirle lo sucedido a María,
la esposa del asesinado que acaba de llegar, provocando deliberadamente la desesperación
de la muchacha, corre a ahorcarse. María Casares, la hija de Santiago
Casares Quiroga, el Presidente del Gobierno de la Segunda República Española
durante el Gobierno de Manuel Azaña y Ministro de la Guerra en el momento
de estallar la Guerra Civil, actuó en la representación de "El
malentendido" conociendo entonces a Camus e iniciando un idilio amoroso irregular,
pero al mismo tiempo público, en plena Guerra Mundial hasta 1950. María
Casares fue "la gran dama del teatro francés" y fue condecorada
posteriormente con la Legión de Honor de Francia. Fue dirigida por Margarita
Xirgu en 1963 en el Teatro San Martín de Buenos Aires, protagonizando "Yerma"
de Federico García Lorca, estando de gira por tierras americanas con el
Teatro Nacional Popular Francés que dirigía Jean Vilar. El
27 de mayo de 1949, la Compañía de Margarita Xirgu estrenó
"El malentendido" en el Teatro Argentino de Buenos Aires, en una cuidada
versión de Aurora Bernárdez y Guillermo de Torre. El reparto incluyó
a Margarita Xirgu como la madre, Violeta Antier como María la esposa de
Jan, Isabel Pradas como Marta la hermana de Jan, Manolo Díaz como Jan el
hijo y Arturo Roa como el viajero. La escenografía corrió a cargo
de Gori Muñoz y fue realizada por M. Blanco Carreras. La publicación
argentina "Mundo Uruguayo" comentaba el 8 de junio de 1949: <<La
expresión justa, la armonización de los tonos, los silencios elocuentes,
el desplazamiento de las figuras, todo está regido por la inteligencia
vigilante de Margarita, que cuidó de los menores detalles, para darle al
conjunto el patetismo alucinante y una sugestión irresistible. Con esta
versión, Margarita Xirgu superó en mucho sus más acabadas
creaciones, confiriéndose títulos impares en el teatro de nuestra
lengua. ¡Qué fuerza persuasiva y conmovedora y qué sinceridad
artística la suya! Junto a ella brilla otra actriz, Isabel Pradas, que
en esta oportunidad realiza el trabajo más feliz y difícil de su
carrera. Dice un monólogo, hacia el final del obra, de manera tan convincente
y con emoción tan comunicativa, que basta para consagrarla como una comedianta
distinguidísima>>. El deformado juicio que de la obra tuvo la mayoría
del público levantó tal polémica que, al tercer día
del estreno, la Municipalidad de Buenos Aires: <<entendiendo que la desoladora
crudeza del tema no la hacía apta para la escena, suspendía su representación>>.
Esta resolución provocó la indignación de los medios intelectuales,
que esperaban la llegada de Albert Camus. El 5 de junio Los Argentores (la Sociedad
General de Autores de la Argentina) declaró: <<... fiel a un principio
que tiene por irrenunciable, sostenido siempre por él frente a toda aplicación
de censura, declara su disconformidad ante la sanción de origen municipal
que ha prohibido la representación en Buenos Aires de "El malentendido",
del escritor francés Albert Camus, cuyo legítimo prestigio literario
es ya universal. El municipio cuenta con un sistema de calificación que
previene a los espectadores y ello debía bastar a los fines del criterio
comunal con respecto a la estimación de las obras>>. La Sociedad
Argentina de Escritores hizo pública su protesta en las columnas de "Clarín".
Con el estreno la crítica se dividió. La más favorable aseguró
que Margarita Xirgu había obtenido un doble triunfo como directora y como
actriz. La más desfavorable despertó muchos recelos entre algunos
sectores visceralmente anticomunistas o peronistas, que tildaban a Margarita Xirgu
de "roja". Muchos todavía veían en ella el símbolo
de la España republicana. Pocos días después, el 13
de junio de 1949, Margarita Xirgu recibía desde París una carta
de Albert Camus: <<Querida señora: Acabo de enterarme de la prohibición
de "El malentendido" por la inteligente censura argentina. Naturalmente,
ahora pienso en Usted y estoy apenado de ver fracasados sus anhelos y sus trabajos
por una decisión inexcusable. En primer lugar, quiero expresarle mi solidaridad
y hacerle saber que para dar una expresión a la misma, me he negado a ir
oficialmente a la Argentina a dar las conferencias previstas. Siento mucho que
esta circunstancia me prive del placer de saludarla, pero si mi viaje al Brasil
se realiza, trataré de llegarme hasta Buenos Aires, a título privado,
para reunirme con mis amigos. Mientras tanto, le expreso, querida señora,
mis respetuosos sentimientos y mi admiración>>. Margarita Xirgu decidió
disolver su compañía y regresó a su casa de Chile. Margarita
Xirgu el 24 de octubre de 1952 volvió a dirigir e interpretar en el Teatro
Solís de Montevideo "El malentendido". Incluyendo en el reparto
principal, en aquella ocasión a Margarita Xirgu como madre, Maruja Santullo
como Marta la hija, Enrique Guarnero como Jan el hijo y Estela Castro como María
la esposa de Jan. 
Margarita Xirgu, Ramón Otero y Maruja Santullo interpretando "El malentendido"
en 1952.
Foto CIDDAE Teatro Solís
Para encarnar los temas que le obsesionaban, se sirvió alternativamente
de dos formas de arte: el relato y el drama, reservando por lo general el tema
de la voluntad de potencia a su teatro y a sus relatos el de la lucha de los oprimidos,
a los que les está prohibida la rebelión violenta. La objetividad
de Camus no tiende a crear la ilusión de lo real, por la razón de
que, lo que está en discusión en sus obras es justamente lo real;
lo que trata es de hacer sentir la incoherencia de nuestro mundo, correspondiendo
al lector o al espectador el proporcionar la respuesta a la pregunta que sugiere
un cuadro presentado sin comentarios. Asumió la dirección de
la publicación clandestina "Combat" desde 1945 hasta 1947, cuando
Pascal Pia fue llamado a ocupar otras funciones en la Resistencia contra los alemanes.
A pesar de la militancia partisana de Camus durante la Ocupación Alemana
en Francia, entre mayo de 1940 y diciembre de 1944, de su conciencia social y
de su postura revolucionaria -evidenciada en algunos de sus artículos de
carácter político publicados en "Combat"- nunca se negó
a asumir el carácter burgués de su existencia y su pensamiento.
Camus fue incapaz de aceptar los crímenes y horrores del estalinismo y
la posición medrosa y acomodaticia de buena parte de la izquierda francesa
y especialmente del propio Sartre, que intentó amortiguar la gravedad de
los mismos, cuestionando incluso la veracidad de tales imputaciones. Familiarizado
con la clandestinidad y el peligro gracias a su participación militante
en las filas de la Resistence, es injusto atribuir al conservadurismo y mucho
menos a la cobardía, las actitudes políticas de Camus criticadas
por la izquierda francesa. El considerar como ingenua esta concepción de
la política como inseparable de los valores morales tradicionales encarnados
en términos como verdad, justicia y fraternidad; ya dice mucho de la perversión
del pensamiento occidental.

Francine
Faure y Albert Camus con sus gemelos: Catherine (en brazos de su mamá)
y Jean (en brazos de su papá) en el invierno de 1945-1946.
Foto Mael Monnier En 1946 viajó
a los Estados Unidos. En 1947 denunció las masacres de Madagascar y publicó,
el 10 de junio, otra de sus obras más significativas, la novela "La
peste" que supuso un cierto cambio en su pensamiento: la idea de la solidaridad
y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir, se impuso
a la noción del absurdo. "La peste" es a la vez una obra realista
y alegórica, y una reconstrucción mítica de los sentimientos
del hombre europeo de la posguerra y de sus terrores más agobiantes. Sirviéndose
de una alegoría harto evidente, en la que una epidemia muestra como somos
todos, no sólo víctimas sino asimismo cómplices. En esta
obra, busca la definición de una moral práctica, que consiste en
ponerse al lado de las víctimas en todos los momentos para así mejor
limitar el daño, o sea ayudar a vivir y a luchar por la vida. <<La
salvación del hombre es, por lo menos, una expresión demasiado enfática...
Lo que me interesa es su salud>>. "El extranjero" y "La peste"
son excepcionalmente vividas, hasta el punto que logran hacer del mismo, uno de
los personajes de la trama. Publicó el ensayo "Cartas a un amigo
alemán" (Lettres à un ami allemand) en 1948, inspirado en los
problemas que había planteado la guerra. El 27 de octubre de este mismo
año, estrenó en el Teatro Marigny el drama "Estado de sitio"
(L'état de siège). La música fue de Arthur Honegger; Balthus
se encargó del vestuario y la escenografía, la dirección
estuvo a cargo de Jean-Louis Barrault y entre los actores se hallaban el mismo
Barrault, Madelaine Renaud, Maria Casares y Marcel Marceau. En la obra, combinó
todas las formas de expresión dramática, desde el monólogo
lírico, hasta el teatro colectivo, pasando por la pantomima, el simple
diálogo, la farsa y los coros. La acción transcurre en un Cádiz
mítico, habitado por un pueblo pintoresco, simpático y resignadamente
sometido al arbitrio de los opresores; sobre la ciudad cae el azote de la Peste
y de la Muerte, dos poderes de vieja estirpe apocalíptica que simbolizan
en este caso la sujeción de los hombres a la tiranía de la razón
y que deberán retirarse gracias al empuje, cada vez más fuerte,
de los vientos llegados del mar. Aunque no es una adaptación teatral de
"La peste", los ecos de su célebre novela, publicada el año
anterior, resuenan inequívocamente en su nudo argumental. Fue también
en 1948 cuando el anarquista Andre Prudhommeaux lo presentó, por primera
vez al movimiento libertario, en una reunión del Círculo de Estudiantes
Anarquistas, como simpatizante familiarizado con el pensamiento anarquista. Camus
escribió a partir de entonces en publicaciones anarquistas, siendo articulista
de "Le Libertaire" (precursor inmediato de "Le Monde Libertaire"),
"Le Révolution Proletarienne" y "Solidaridad Obrera"
de la CNT. En 1949 hizo una llamada en favor de los comunistas griegos condenados
a muerte. En diciembre de 1949 se estrenó en el Théâtre Hébertot
su drama "Los justos" (Les justes), en el que reprodujo un episodio
verídico de la Rusia zarista de 1905, donde un grupo de socialistas revolucionarios
llevaron a cabo un atentado contra el tío del zar, el conde Sergei, creyendo
contribuir con ello a la derrota de la tiranía. Los actos reproducen las
jornadas previas al asesinato y las reacciones del comando una vez alcanzado su
objetivo. Desde los primeros parlamentos, Camus va trazando dos perfiles distintos
entre quienes se muestran partidarios del asesinato. El de quienes actúan
como reacción a su propia experiencia personal -detención y tortura
en las cárceles zaristas, muerte de correligionarios, represión
brutal e indiscriminada- y quienes lo hacen con el propósito de liberar
al pueblo ruso de la tiranía, de franquear el paso a una vida mejor a través
de un crimen. La frontera entre ambos queda establecida cuando, antes del primer
intento de arrojar la bomba contra el conde, los terroristas hablan de la proximidad
física de la víctima, incluso de su mirada, como uno de los principales
obstáculos para perpetrar el crimen. A continuación, Camus pone
en escena uno de los episodios más famosos de la obra: la renuncia de los
terroristas a asesinar al conde por el hecho de ir acompañado por unos
niños, que podrían resultar muertos. Stepan, el revolucionario por
venganza, no aprueba la decisión de Kaliayev, el revolucionario por amor
al pueblo ruso. Para el primero, el programa político de la revolución
está por encima de los sufrimientos que provoca; para el segundo, en cambio,
la revolución acabará despertando el odio si no respeta la vida
de los inocentes. Este rumbo de razonamiento se prolongará hasta después
de la muerte del conde Sergei y Kaliayev será detenido. La capacidad de
Camus para captar los matices alcanzó su plenitud cuando coloca al asesino
frente a la viuda del asesinado. El bucle de "Los justos" se cierra
tal vez en esta escena, cuando Kaliayev pretende convencer a la condesa, de que
su acción contribuiría a que Rusia se sacudiese la tiranía;
mientras que la condesa, por su parte, le responde que es al hombre, al marido,
al padre, a quien han dado muerte. Si los revolucionarios pudiesen verlo así,
reclamarían el perdón. Pero si reclamasen el perdón, replica
Kalaiyev, dejarían de percibirse a sí mismos como revolucionarios
y pasarían a engrosar las filas de los simples y vulgares asesinos. Por
esta razón el verdadero revolucionario está condenado al sacrificio,
a la inmolación, y no pretende ahorrar su vida con ninguna excusa. Ni siquiera
con la de la revolución, según defiende Stepan. En 1950 publicó
la colección de artículos periodísticos "Actuelles I"
y el ensayo "El minotauro o el alto de Orán" (Le minotaure ou
la halte d'Oran). En este mismo año terminó el idilio con la actriz
María Casares, al sufrir un nuevo episodio de tuberculosis que le obligó
a guardar convalecencia en Grasse. En 1951 publicó su ensayo "El hombre
rebelde" (L'homme révolté) en el que establece algo así
como una línea de resistencia a la historia. <<No sólo se
vive de lucha y de odio. No siempre se muere con las armas en la mano. Existe
la historia y existe otra cosa: la simple felicidad... la belleza>>. A la
desmedida de nuestra Europa, Camus opuso el sentido de la medida que nos ofreció
Grecia, <<que nada llevó hasta lo extremo, ni lo sagrado, ni la razón,
porque nada negó, ni la razón ni lo sagrado>>. En este ensayo
denuncia la lógica estéril de una revuelta que sólo deifica
la revuelta para mejor llegar al terror. <<En el universo puramente histórico
que han elegido, revuelta y revolución desembocan en el mismo dilema: o
la policía o la locura>>. Así se opuso terminantemente a los
partidarios de las empresas ambiciosas que transportan lo absoluto en la historia
y la religión en la política. Su actitud fue más modesta
e infinitamente más humana: <<En su mayor esfuerzo, el hombre no
puede proponerse más que disminuir aritméticamente el dolor del
mundo... Pero, el porqué de Dimitri Karakov continuará resonando:
el arte y la revuelta sólo morirán con el último hombre>>.
Retrato de Albert Camus.
Foto Britannica Albert
Camus afirmó: <<Quise primero expresar la negación bajo tres
formas, la novelística: "El extranjero", la dramática:
"Calígula" y "El malentendido", y la ideológica:
"El mito de Sísifo". Después quise expresar en segundo
lugar lo positivo, también bajo tres formas, la novelesca: "La peste",
la dramática: "Estado de sitio" y "Los justos", y la
ideológica: "El hombre rebelde". Entreveía ya para un
tercer lugar, el tema del amor>>. Su ruptura con la izquierda comunista
y con Jean-Paul Sartre tuvo lugar en 1952 tras la publicación en "Les
Temps Modernes" del artículo que éste encargó a Francis
Jeanson, donde reprochaba a Camus que su rebeldía era "deliberadamente
estética" y que presentaba sumisión a los valores burgueses.
También en 1952 dimitió de la Unesco por admitir en su seno a la
España franquista. Camus, junto a los anarquistas, expresó su apoyo
a la revuelta de Alemania Oriental de 1953, en la que los obreros realizaron una
huelga general contra el aumento de las normas productivas y la baja de los salarios
reales. En 1953 tradujo y adaptó para el teatro: la comedia "Los espíritus"
(Les esprits) de Pierre de Larivey, "La devoción a la cruz" (La
dévotion à la croix) de Pedro Calderón de la Barca que presentó
en junio en el Festival de Angers y en octubre proyectó llevar a la escena
"Los poseídos" (Les possédés) la adaptación
de la novela de Dostoïevski. También pensó en adaptar "El
burlador de Sevilla" de Tirso de Molina y "El mágico prodigioso",
de Calderón de la Barca. Este mismo año se publicaron las crónicas
periodísticas "Actuelles II". En la primavera de 1954 se
publicó su relato "El verano" (L'été) y en octubre
viajó a los Países Bajos. El 1 de noviembre de 1954 el Frente de
Liberación Nacional argelina pasó al ataque, muriendo civiles árabes
y franceses. En marzo de 1955 estrenó en el Théâtre La Bruyère
la adaptación de la obra de Dino Buzzati "Un caso interesante"
(Un cas intéressant) y en el mes de abril viajó por primera vez
a Grecia. Entre mayo de 1955 y febrero de 1956 escribió en "L'express"
las crónicas periodísticas sobre la crisis argelina, que más
tarde se publicaron como "Actuelles III". En el mes de marzo de 1956
publicó su insólita novela "La caída" (La chute)
que tomó forma de monólogo y en la que sintetizó el moralismo
consciente de los monstruos que es capaz de engendrar por sí mismo, el
onanismo moral, que la tradición permite bautizar como fariseísmo.
El equilibrio entre libertad y justicia como eje de las inquietudes éticas
de la Modernidad constituye el tema central, a nivel histórico-social e
individual. Camus expresó en la obra, una vez más, su nostalgia
de la inocencia y de la comunión entre seres, en un mundo en el que cada
uno sueña con el poder, donde el diálogo es reemplazado por el comunicado
y el abogado reconoce que es culpable pero invita a los otros a reconocer que
también son culpables. En esta obra expresó su sensibilidad a la
ironía y al humor, haciendo que el verbo y el ritmo hicieran soñar
con la sátira del "Neveu de Rameau" de Denis Diderot. Todas las
novelas de Camus a excepción de "La caída" -cuya trama
tiene lugar en Ámsterdam y donde París es mencionado únicamente
de pasada como contexto geográfico de la génesis del conflicto existencial
que el personaje central luego elaborará en un genial monólogo-
se desarrollan en ciudades argelies y la población indígena de las
mismas, los árabes, apenas son diferenciables del propio paisaje. El 22
de septiembre de 1956 se estrenó con éxito de público y crítica
su adaptación de la obra de Faulkner "Requiem para una monja"
(Requiem pour une nonne). Fue miembro de la Fédération Anarchiste,
apoyándolos en 1956 primero a favor del levantamiento de los trabajadores
en Poznan, Polonia, y luego, contra la represión soviética en Hungría.
En 1956 en Argel, Camus lanzó su "Llamamiento a la tregua civil",
en el que pidió a los intelectuales que protestaran en la O.N.U. para conseguir
una tregua civil en Argelia y en el que pidió a los combatientes del movimiento
independentista argelino y al ejército francés -enfrentados en una
cruelísima guerra sin cuartel que tuvo lugar entre 1954 y 1962- el respeto
y la protección sin condiciones para la población civil. Mientras
leía su texto, afuera, una turba heterogénea lo injuriaba, y pedía
su muerte a gritos. Para él, en aquella guerra, su lealtad y su amor por
Francia, no le impedía el cabal conocimiento de la injusticia que vivía
el pueblo argelino, depauperado y humillado, como tampoco podía impedir
su amor por Argelia y que se reconociera deudor de una lengua, una cultura y una
sensibilidad política y social indisolublemente unidas a Francia. Camus
tenía una pobre comprensión de la situación de los árabes
argelinos; para él, como para muchos otros pied-noirs, Argelia era tan
francesa como cualquier otra provincia y no la concebía en absoluto como
una colonia; al igual que la propia Francia no la veía como una potencia
imperialista. En su momento, Camus se abstuvo de hacer cualquier referencia al
conflicto franco-argelí, debido a que su madre seguía residiendo
en Argel y habría sido blanco fácil de la ira de cualquiera de los
bandos confrontados, en una de las más sangrientas guerras independendientistas
de toda la Historia occidental. Tres hechos significativos marcaron a su generación,
la guerra mundial, la propia guerra de Argelia y el existencialismo como motor
impulsor de lo cultural. En 1957 publicó su colección de relatos
"El exilio y el reino" (L'exil et le royaume), en la que en uno de ellos
"La esposa infiel" (L'épouse infidèle) describió
el paisaje argelino y en otro "Reflexiones sobre la pena de muerte"
(Réflexions sur la peine capitale) hizo un alegato contra la pena capital,
en colaboración con Arthur Koestler. En junio de este mismo año
se representó en el Festival de Angers su adaptación de la obra
de Lope de Vega "El caballero de Olmedo" (Chevalier d'Olmedo). 
Albert Camus y sus hijos: Catherine y Jean, en junio de 1957,
en el Festival de Angers.
Foto Mael
Monnier Albert Camus en diciembre de 1957, a la edad de 44 años,
fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por: <<el conjunto de
una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de
los hombres de hoy>>. El mérito inmenso de Albert Camus fue haber
sabido expresar magníficamente la sensibilidad trágica de aquella
época con una sobriedad clásica y haberlo testimoniado sin traicionar
su arte jamás. Su voz, levantada siempre contra toda injusticia, es sin
duda alguna una de las más puras y nobles de este tiempo. <<Debemos
servir al mismo tiempo -afirmó en una ocasión- el dolor y la belleza>>.
Por eso, este hombre que amó la soledad no cesó de afirmar su intransigente
fidelidad a las causas justas, aunque aparezcan provisionalmente como causas perdidas,
subiendo incluso a los estrados públicos para gritar con pasión
contra todos los sistemas totalitarios, contra todos los progresos innocuos, contra
las represiones, contra las infamias de la razón de Estado, contra la pena
de muerte. 
De izquierda a dercha: Michel Gallimard, la anfitriona Jytte
Bonnier, Albert Camus y el editor danés Otto Lindhardt, en Estocolmo en
diciembre de 1957.
Foto Mael Monnier En
1958 se publicaron: "El discurso de Suecia" (Discours de Suède)
que hizo en la entrega del Premio Nobel de Literatura el año anterior y
el conjunto de artículos periodísticos "Actuelles III".
Este mismo año compró con el dinero del Premio Nobel una casa en
Lourmarin en el macizo de Lubéron, cerca de Aviñón. Ya había
estado antes en Lourmarin, en varias ocasiones a partir de 1946, cuando fue a
encontrarse con Bosco, y pasó varias vacaciones allí no lejos de
L'Isle-sur-le-Sorgue, donde vivía su amigo René Char. Camus adquirió
una casa de dos plantas con contraventanas azules y tejas romanas de terracota
al estilo de la región, con un hermoso balcón abierto al campo.
El caso es que Camus fue a Lourmarin por indicación de su antiguo profesor
de filosofía en Argel, que había residido como becario en el castillo
de dicha localidad, la "Villa Médicis" propiedad de la Fondation
Laurent-Vibert. En 1929 Bosco ya se había alojado allí, gracias
a la citada Fundación. En Lourmarin, Camus solía almorzar con su
amigo Jules Roy en el restaurante del Hôtel Ollier, utilizando un seudónimo
para ir de incógnito y escapar así a la curiosidad de los turistas.
Monsieur Terrasse, lo llamaba la dueña. No solía beber vino, sino
café, y, eso sí, fumaba Gauloises. En 1959 se estrenó "Los
poseídos" su adaptación de la novela de Dostoïevski e
inició los pasos para crear su propia compañía teatral. El
domingo 4 de enero de 1960, Albert Camus se dispuso a regresar a París
tras pasar las Navidades con su familia en la finca de Lourmarin, en la Provenza.
Su esposa, Francine, y sus dos hijos, Catherine y Jean, habían regresado
en tren el día anterior. En un principio, Camus tenía previsto acompañarles,
pero a última hora decidió viajar en coche con los Gallimard: Michel
Gallimard su editor y amigo, su mujer Jeanine, y su hija Anouchka. Michel Gallimard
era un loco de los coches y se acababa de comprar un Facel Vega 3B, un modelo
provisto de un motor Chrysler de 253 Cv. A Camus no le entusiasmaban los coches
y menos aún correr, pero aceptó viajar con su amigo, el cual le
propuso pasar la noche en Thoissey (a 16 kilómetros de Mâcon), en
el "Chapon Fin", en cuyo restaurante se comía muy bien y donde
la patrona, la señora Paul Blanc, tenía prevista una pequeña
fiesta para celebrar el 18 cumpleaños de Anouchka. Pero tuvieron un terrible
accidente cerca de Sens y Petit Villeblevin, en un lugar llamado el "Grand
Frossard" entre Champigny-sur-Yvonee y Villeneuve-la-Guyad, en Montereau.
El coche que conducía Gallimard se salió de la calzada (había
llovido y ésta estaba mojada). El vehículo fue a chocar con un árbol,
uno de esos plátanos que escoltan tantas carreteras francesas en la realidad
y en las películas, y Camus, que viajaba en el asiento trasero derecho,
se partió el cuello y murió instantáneamente. Fue enterrado
en el cementerio de Lourmarin. 
Retrato del coche accidentado en que murió Albert Camus, el 4 de enero
de 1960. Foto Mael Monnier Falleció
a los 46 años en un accidente automovilístico, tan absurdo como
ese transfondo de la condición humana que tan magistralmente fue capaz
de integrar en un sistema discursivo de dificultosa categorización, respecto
a cualquiera de las propuestas filosóficas de su época, absurdo
como solo pueden ser la existencia humana y su terrible corolario: la muerte.
Imprudente como le es propio, la muerte sorprendió a Camus mientras trabajaba
en la que sería su última obra, la novela de carácter autobiográfico
"El primer hombre" (Le prémiere homme), que fue publicada póstumamente
inconclusa, por su hija en 1994. Toda la obra de Camus -breve pero densa-
osciló entre el amor y la ansiedad, entre "el mar y las prisiones",
según frase suya. Contrastes pues de felicidad y de miseria, de alegría
y de angustia, entre los que se debatió para intentar arrancar al tiempo,
al sufrimiento y a la muerte ese fruto dorado del tiempo que es la vida humana.
Todo cuanto escribió tendió a denunciar la absurdidad del mundo
y a buscar desesperadamente el sentido de la vida y en su variada obra desarrolló
un humanismo fundado en la conciencia del absurdo de la condición humana.
La carrera de Camus es pues la de psicólogo y de moralista. Con una reserva
y una sobriedad totalmente clásicas, concedió un primer lugar a
las ideas y se negó a sacrificarse a la magia del estilo, que fue neutro,
impersonal, lleno de anotaciones secas y monótonas, pero inseparables del
clima del absurdo. Albert Camus, más que un filósofo y literato,
más, inclusive que un intelectual, fue un hombre de su época, un
humanista al estilo francés, comparable a Rosseau y a Voltaire y, sin embargo,
mucho más cercano a nuestros afectos por haber protagonizado como hombre
los conflictos desgarradores de su tiempo, incluyendo su toma de posición,
de incuestionable condena, respecto a las revelaciones sobre los crímenes
del estalinismo, sobre la independencia argelina y sobre la generación
de movimientos fundamentalistas, en la dialéctica demencial que ha caracterizado
el desarrollo de las sociedades del Cercano y Medio Oriente. La profunda mirada
que Camus lanzó sobre la moral de los años de la guerra y la posguerra,
las angustias contenidas de sus personajes y el desencanto, han hecho de este
escritor uno de los más importantes en la Filosofía y la Literatura
occidentales del siglo XX.
En 1963 y 1965 se publicaron con el título
de "Cuadernos" (Carnets) sus notas periodísticas escritas respectivamente
entre 1935-1942 y entre 1942-1951. El resto de los escritos de Camus para "Combat"
y para "Les Temps Modernes", así como sus trabajos periodísticos,
entre los que resalta su artículo a propósito de la detonación
de la bomba atómica en Hiroshima, se publicaron también en diferentes
colecciones. En 1971 la Editorial Gallimard publicó inconcluso el relato
"La muerte feliz" (La mort heureuse) y su hija, Catherine, publicó
"Albert Camus, solitario, solidario" (Albert Camus, solitaire, solidaire),
un álbum de fotos y recuerdos familiares. Algunos
textos han sido extraídos de "Albert Camus": Wikipedia, Carlos
M. Pineda, Mael Monnier y Antonio Rivero Taravillo.
XAVIER RIUS XIRGU
álbum
de fotos
volver 
Esta obra está bajo una licencia
de Creative Commons.
|