107.
HENRI-RENÉ LENORMAND
Henri-René
Lenormand nació en París el 3 de mayo de 1882, fue poeta, novelista,
ensayista y principalmente dramaturgo.
Era hijo
del músico René Lenormand, conocido en su tiempo por componer ritmos
inspirados en músicas exóticas africanas y asiáticas. Hizo
sus estudios en el Liceo Janson y después ingresó en la Universidad
de la Sorbona, cursando estudios de inglés y apasionándose por el
teatro isabelino, lo que le conducirá en 1938 a adaptar la obra "Arden
of Faversham" de autor desconocido, aunque algunos atribuyen la obra a Thomas
Kyd o a William Shakespeare. Henri-René trabajó un tiempo como preceptor
y profesor. Después de haber publicado la colección de poemas "Los
paisajes del alma", hizo su debut en el Théâtre du Grand-Guignol
en 1905, con el drama "Locura blanca" donde ya se afirmó su gusto
por lo extraño, que caracterizó toda su obra.
En
1909 estrenó el drama "Los poseídos" en el Théâtre
des Arts. En lo sucesivo su vida se repartió entre la escena y los viajes
lejanos. Se mostró siempre deseoso de conocer lugares que más tarde
le sirvieron de marco para sus dramas y de influencia climática para sus
personajes. Surcó el mundo, de África a Asia, de los confines del
desierto a las islas del Pacífico, primero solo, luego con su mujer, la
actriz dramática María Kalff 8 años mayor que él,
una holandesa que pasó su infancia en Java, que poseía una casa
en Holanda llena de objetos exóticos y con la que se casó en 1911,
actuando a partir de entonces, María, en la mayoría de sus obras.
En 1914 y durante la Primera Guerra Mundial se refugió en Ginebra, donde
descubrió a Sigmund Freud y August Strindberg, dos autores que ejercieron
sobre él una influencia decisiva, porque compartió con ellos su
deseo de escudriñar los abismos del inconsciente. También conoció
allí al director teatral Georges Pitoëff al que debió sus grandes
éxitos posteriores.
En 1913 estrenó
el drama "Tierras calientes" y en 1914 "Polvo" protagonizada
por el actor Firmin Gémier en el Théâtre Antoine. La compañía
Pitoëff representó en 1915 "Los poseidos", estrenó
el 4 de enero de 1919 el drama de Lenormand "El tiempo es un sueño"
en la modesta Salle Communale de Plainpalais de Ginebra frente a un reducido número
de aficionados y en el mismo año y teatro estrenó del mismo autor
el drama "Los fracasados".
Henri-René
Lenormand volvió a París en diciembre de 1919 poco después
del armistício, donde representó de nuevo el drama corto "El
tiempo es un sueño" en el Théâtre des Arts con puesta
en escena de Georges Pitoëff, delante de un público entusiasta y fascinado
por la atmósfera inquietante del drama y por su modernidad, tanto en su
escritura (caracterizada por su estructura en cuadros, como hizo en toda su obra)
como en la puesta en escena. Tal y como escribió Lenormand en su ensayo
al final de su vida, "Confesiones de un autor dramático: <<...en
dos horas de una huraña tarde de diciembre de 1919, Pitoëff había
conquistado París y yo, después de cinco años de silencio
(los años de guerra), había conseguido uno de los éxitos
más vivos de mi carrera>>.
Retrato de Henri-René Lenormand.
Foto
ABC
Lenormand
fue un creador de nuevos recursos escénicos y fue notable por la profundidad
psicológica de sus personajes, desentrañando los misterios de la
vida interior. "El tiempo es un sueño" cuenta, en una serie de
cuadros, el irremediable curso hacia el suicidio de un joven que ya no cree más
en la gente, ni en el mundo. La realidad no le parece más que una acumulación
de quimeras. El universo ha perdido sus contornos. Los seres se confunden con
los fantasmas. Toda acción es vana. Sólo existen las ideas, las
incertidumbres, las preguntas que se atropellan en la cabeza hasta una constante
fatal: "Morir, es despertarse, es saber, es posiblemente alcanzar este punto
de la eternidad donde el tiempo no es más que un sueño". El
drama trata de la melancolía de una angustiosa vieja casa rodeada de rosales,
plantas espesas y estanques, donde vive una joven chica, Riemke (Ludmilla Pitoëff)
que espera a su joven hermano Nico Van Eyden (Georges Pitoëff) que vuelve
de la India después de una estancia de una decena de años. Su novia,
Romée Crémers (Marie Kalff, la esposa de Lenormand), pasea para
ver de nuevo lo que dejó después de muchos años. Pero la
joven queda atónita: pasando cerca de los estanques, ve a un hombre que
se ahoga. ¿Sueño? ¿Alucinación? Tan pronto como Nico
regresa, Romée se asombra por su semejanza con el ahogado. Esta similitud
trágica frecuenta su espíritu. Pesadamente, su extraña visión
se abate sobre todos y la imagen atroz va, poco a poco, a tomar consistencia en
el mundo real
La extraña visión se pierde en lo inconcebible:
el pasado, el presente y el futuro coexisten, todo está preestablecido,
el libre albedrío no existe, el hombre no puede sustraerse a su fatalidad...
La extraña visión prefigura un drama futuro. En la obra, el personaje
sueña con lo que va a sucederle. Lenormand dijo al respecto: <<Si
las pasiones y los sueños no pudiesen crear nuevos tiempos futuros, la
vida sería un engaño insensato>>. Con una intensidad conmovedora,
el joven es inaccesible en la calma de su declive; su novia, su hermana y los
servidores son los testigos punzantes e impotentes que corrigen su trayectoria
implacable.

Escenografía
de Miquel Xirgu de "El tiempo es un sueño".
Fondo
familiar Xavier Rius Xirgu
Desde la guerra,
una gran amistad unió a Henri-René Lenormand con Georges Pitoëff,
así como con Ludmilla, a quien admiró más que a Georges,
su frágil gracia y su exacerbada sensibilidad. En la obra que consagró
a los Pitoëff, Lenormand hizo un ditirámbico elogio del juego interiorizado
que Georges tradujo a las mil maravillas en el extraño personaje de Nico.
El título de la obra es una alusión directa a "La vida es sueño"
de Calderón de la Barca y demuestra la meditación sobre el tiempo
que Lenormand persiguió en toda su obra. El tiempo no es más que
un sueño, creado por nuestro informe íntimo al mundo, es un tiempo
subjectivo que no tiene nada que ver con el tiempo de los relojes y que no tiene
en cuenta, de ninguna manera, el orden cronológico que cambia a su gusto.
¿Que es entonces el presente, el pasado y el futuro? Es la pregunta que
le trae a llevar a escena situaciones en las cuales la percepción del tiempo
vacila, tales como la alucinación, la hipnosis y el sueño. En "El
tiempo es un sueño", Romée no sabe cómo interpretar
la alucinación que tuvo al borde del estanque, pero la visión del
hombre que se ahoga bajo los rasgos de Nico, no deja de atormentarla profundamente
.
De un pesimismo radical, la obra es extraña
y angustiante. No hay complacencia malsana en la misma, pero si en una atmósfera
impalpable y onírica, una invitación para seguir el progreso de
los pensamientos que llevan a la desesperación y a la depresión,
como si uno se encontrara dentro del cerebro. Del teatro de Lenormand se sale
siempre angustiado, con la impresión de haberse erguido contra nosotros
un sin fin de enemigos desconocidos. Más o menos pervertidos, más
o menos clínicos, más o menos estilizados. Todos los casos llevados
a escena por él son ejemplos de vencidos o de impotentes. Esa fatalidad
de los antiguos, que más tarde la ciencia moderna trató de supersticiosa,
denigrándola con el nombre de casualidad, Lenormand la instala en el frontispicio
de sus obras, como personaje principal, intangible, ferozmente imperioso, mientras
fuerzas abstractas exteriores crean el misterio. El teatro de Lenormand es un
teatro único y excepcional. No se parece a ninguno otro: es el teatro del
precipicio. Tristezas inrazonables, incertidumbre en los caminos que hay que tomar,
asco de sí mismo... Digamos la verdad, no hay una sola obra de Lenormand
que no termine más que con el desaliento. Este desprecio a gustar y a la
concesión, esta desestimación feroz de no querer cantar como otros
las bondades de su tiempo, hacen de Lenormand un hombre raro y exclusivo. Él
no dará, ciertamente, a las generaciones futuras, la impresión de
haber sido aquella época, una dominada por la frivolidad y el afán
de placer.
Desde 1919, Henri-René Lenormand
escribió dramas que se sucedieron a un ritmo sostenido durante quince años.
En 1920 representó de nuevo "Los fracasados" en el Théâtre
des Arts con puesta en escena de Georges Pitoëff. Se trataba de un drama
negro y desesperado sobre la desgracia de unos comediantes condenados por vida
al vacío de sus existencias y a giras sin éxito alguno. "Los
fracasados" es la implacable autopsia de la degradación de las relaciones
amorosas que une a Él, un autor, y a Ella, una actriz. La mujer se entrega
al primer conquistador adinerado que encuentra, con el oscuro consentimiento de
Él, como medio para subsanar la miseria que ambos padecen y evitar así
la separación. Él satisface su orgullo herido en brazos de ocasionales
prostitutas, al mismo tiempo que se venga de la ofensa que le infiere su amante.
<<El sacrificio de Ella se repite bajo los mismos imperativos circunstanciales>>.
Así se alcanzan y se alejan los amantes, hasta llegar al envilecimiento.
La actriz es la heroína, mártir del ofertorio de sí misma,
<<siempre por amor>> a Él, mientras el autor se destruye con
sus torturados sentimientos, que le inducen a asesinarla. La obra es teatro de
las tinieblas del alma, donde los personajes de Lenormand, primos lejanos de Hamlet
para algunos, no dejan de preguntarse porqué son unos vencidos sin obtener
jamás la menor respuesta. ¿Cómo no querer a esta gente entorpecida
delante de los misterios, de las incertidumbres de la vida, devorados por la lepra
de su inquietud, inevitablemente aniquilados por esta triste fuerza que hace al
sol menos claro y a la hierba menos verde?.
En
1928 Margarita Xirgu estrenó en Madrid "Los fracasados" en traducción
de Joaquím Montaner. La Xirgu quiso que Lenormand supervisara los últimos
ensayos. Lo alojó con todos los honores en el Hotel Palace y escogió
como cicerone, ni más ni menos que a Cipriano Rivas Cherif, para que le
asistiera también como intérprete con los actores.

Margarita Xirgu y Henri-René Lenormand en 1928 en Madrid.
Foto
Agencia EFE
El día del estreno, antes
de comenzar la obra, Henri-René Lenormand pronunció una conferencia
sobre las nuevas tendencias de la dramaturgia francesa. Habló de la revolución
llevada a cabo por Pitoëff y Gaston Baty, con Jouvet, Copeau, Gémier
y otros "metteurs en scène". Afirmó que no había
grupos, ni capillas, ni escuelas. No tenían "escuela del silencio"
ni "escuela de lo inconsciente". No existían más que escritores
aislados que hacían su labor con absoluta independencia. Respecto a su
obra, que se decía que era freudiana, dijo: <<Yo aspiraba a dar forma
dramática a las doctrinas del psiquiatra vienés..., siempre he pensado
que el arte deja de ser arte respetable cuando quiere refutar o demostrar una
teoría... Todas mis obras tienden a la elucidación del misterio
de la vida interior. En "Los fracasados", como en otras, se presenta
como un diálogo, como un combate entre lo consciente y lo inconsciente>>.
Para la representación de la obra se dispuso
de un escenario móvil , por primera vez en España. La nueva experiencia
tuvo por objeto hacer las mutaciones con la rapidez requerida y dar al drama el
movimiento necesario. Díez-Canedo agradeció en "El Sol"
a Margarita Xirgu que diera a conocer la obra de Lenormand: <<La gran actriz
-decía- se ha mostrado en el papel de Ella, la heroína lamentable
del drama, en plenitud de acierto. Así la espontaneidad de la pasión,
sin preocupaciones por el mañana, como los instantes de envilecimiento
y miseria; así la vergüenza y el sollozo reprimido, como el arrebato
sensual, que espiritualiza la carne, encontraron en Margarita Xirgu admirable
expresión>>. Y Lenormand escribiría más tarde en su
ensayo "Las confesiones de un autor dramático": <<Margarita
Xirgu, la más grande actriz española, interpretaba el personaje
de mi obra con esa ardiente intensidad que ella sabe comunicar a la multitud.
La emoción dramática, las lágrimas verdaderas, el trance
pasional, todo lo que cuesta tantos esfuerzos a infinidad de comediantes estudiosos,
es en ella un don de la naturaleza. Entre ella y el público madrileño,
uno de los más emotivos de Europa, uno de los más aptos a entrar
con violencia en un esquema teatral, se establecía, desde las primeras
secuencias, un acuerdo que nada podía debilitar ni romper>>. Rivas
Cherif en "El teatro en mi tiempo", escribió: <<"Los
fracasados", del francés Lenormand, reivindicó el prestigio
de la actriz excepcional, por comprensiva de un arte siempre renovado en la intuición
de lo que más podía convenir a sus aptitudes de intérprete
por el aplauso y de posible colaboradora con los jóvenes en trance de lograr
en el teatro el logro de sus esperanzas>>.

A
la izquierda Margarita Xirgu y Alfonso Muñoz interpretando "Los fracasados"
estrenada el 23 de octubre de 1928 en el Teatro Fontalba. A la derecha Lenormand
y la Xirgu.
Foto Mundo Gráfico.
La intelectualidad madrileña: Azorín,
Marañón, Marquina, Grau, Araquistain, los Álvarez Quintero,
Azaña, Gómez de Baquero, Díez-Canedo, Rivas Cherif... se
reunió en torno a Lenormand en una cena-homenaje, en la que él recordó
en sus "Cofesiones" que un vecino de mesa se acercó a él
y le dijo: <<¿Sabe usted que casi todos los que están alrededor
de esta mesa han estado en prisión?>>. Y el autor añade lacónico:
<<Estábamos en 1928>>. "Els fracassats" en versión
catalana, fue la primera obra de Lenormand que se estrenó en Cataluña
en 1928, siendo bien acogida por la intelectualidad y por la crítica catalana.

Margarita Xirgu, Fernando Fresno y Alfonso Muñoz en una escena de "Los
fracasados" en 1928.
Foto biografia F.
Foguet.
Lenormand
vio publicada su primera obra en 1920, cuando tenía 39 años. El
drama fue "El Simún" interpretado por Gaston Baty con la Comédie
Montaigne y dirigida por Firmin Gémier. El drama está basado en
los efectos del clima y el colonialismo. Su trama relata la pasión incestuosa,
avivada por el calor del desierto, que el protagonista siente por su hija. En
1922 Lenormand estrenó "El comedor de sueños" puesta en
escena de nuevo por Georges Pitoëff, donde se relata un trauma de niñez
y el estrago de los deseos y de las emociones suprimidas. Lenormand dijo que con
este drama había intentado llevar el psicoanálisis a la escena.
La obra fue escrita un año después de "El tiempo es un sueño"
y hizo de su héroe un tipo de psicoanalista que se define a si mismo como
un "cuidador de consciencias tormentosas", con razón al interés
que tenía, desde hacía tiempo, por la psicología de las profundidades.
Lenormand en Francia fue uno de los primeros lectores de Freud al que descubrió
a través de una traducción inglesa, antes de que Freud fuera traducido
al francés. Más tarde, incluso hizo un viaje a Viena para encontrar
según sus propias palabras: una imaginación fecunda. Su fascinación
por el creador del psicoanálisis fue inmediata porque, como Freud, escudriñó
en todo su teatro el enigma de nuestros destinos, el conflicto entre Éros
y Thanatos, la fuerza del instinto de la muerte y meditó sobre la complejidad
de la psique, es es decir de la personificación del alma.
La
fatalidad que pesa sobre los personajes de Henri-René Lenormand confiere
a sus obras, que se terminan casi siempre con el suicidio o con el homicidio,
un carácter trágico. Esta atracción por los dramas secretos
que desgarran a los individuos, le convirtió en un pariente cercano de
Strindberg. Si la potencia de su teatro residió en la investigación
constante sobre las fuerzas del inconsciente, también nació de la
vena poética de quien lo fecundó. Sus frases están fuertemente
impregnadas de las melodías que componía su padre. <<Tengo
la costumbre -explicó Lenormand- de soñar musicalmente en la composición
de mis obras. Algunos encadenamientos de acordes, son para mí una incitación
al trabajo más eficaz que el recogimiento. De estas idas y venidas delante
de un teclado nacieron los preludios cortos memorizados con el tiempo>>.
Su padre fue también quien le transmitió por primera vez su gusto
por los viajes lejanos, que suscitó su interés por <<el tema
de la variación de los instintos humanos según los climas>>
tal y como dijo Nietzsche. <<Jamás pude separar la naturaleza de
los sentimientos humanos>> declaró Lenormand al respecto.
En
1924 Lenormand estrenó los dramas "El hombre y sus fantasmas"
con puesta en escena de Firmin Gémier en el Théâtre de l'Odéon,
"El diente rojo" estrenado en Barcelona en 1929 como "L'agulla
roja" y "A la sombra del mal" con puesta en escena de ambas de
Gaston Baty, en el Studio des Champs-Elysées. "A la sombra del mal"
es un drama donde se relatan los efectos funestos del clima y colonialismo sobre
el individuo. Sus juegos pesimistas inbuidos en el simbolismo, a menudo utilizando
ideas freudianas, excitaron la alabanza y la controversia de su obra, por el público
y la crítica. En 1925 estrenó "El cobarde" con puesta
en escena de Georges Pitoëff en el Théâtre des Arts. Le siguió
en 1926 el estreno de "El amor mágico" (donde el espectador asiste
a un tipo de sesión de hipnosis) con puesta en escena de Gaston Baty, en
el Studio des Champs-Elysées. Lenormand creía que el hombre tenía
especiales curiosidades debidas siempre al amor. Decía: <<La que
nunca tuvo lástima del quien ama, probablemente no ha conocido el amor.
Cada uno saca su placer del instrumento que toca mejor. Allí dónde
uno termina de conocerse, el más puro de nosotros se convierte en un monstruo.
Ustedes las mujeres, buscan siempre las causas de la maldad. Es un modo de justificarla>>.
Henri-René
Lenormand en 1927 estrenó su drama "Mezcla" y en 1928 el drama
en un acto "La inocente" en el Théâtre Antoine, protagonizado
por Camille Corney. Su deseo de sondear los abismos del alma, lo llevaban a interrogar
a la naturaleza humana a través de casos extremos, tales como la inocencia
o el infanticidio. La trama del drama trata de una débil joven a la que
todos en su pueblo, consideran susceptible de ser manipulada porque es incapaz
de analizar las situaciones en las que es examinada. Pero la inocente percibe
muchas más cosas de las que parece y la emoción hace susceptible
de desencadenar en ella, como intuitivamente, reacciones de donde la razón
está lejos de ser excluida. "La innocent" en versión catalana
fue estrenada en Barcelona el 9 de junio de 1936, en el Teatre Studium a cargo
del Lyceum Club de Barcelona, bajo la dirección de Artur Carbonell y fue
recibida con cierta acritud por la crítica y el público. En 1929
Lenormand estrenó el drama "Una vida secreta", en 1930 volvió
a representar "El Simún" protagonizada por Camille Corney en
el Théâtre Pigalle y estrenó el drama "Las tres habitaciones".
En 1932 murió su padre René Lenormand, a los 86 años de edad.
En
1934 Lenormand estrenó "El crepúsculo del teatro" y en
1935 el drama "Asia" escrito en 1930, donde la heroína tiene
el don de la videncia y es capaz de leer el futuro. La obra es la versión
moderna del mito de Medea, la vieja historia que desde Eurípides, ha sido
constante fuente de inspiración para dramaturgos de toda clase. Pocos de
ellos, sin embargo, han logrado un drama de esta calidad, en el que inserta el
trágico mito dentro de una visión del mundo que abarca las relaciones
entre Occidente o Oriente, no ya en términos políticos siempre mutables
y perecederos, sino en términos de sentido de vida y destino, mucho más
trascendentes que las contingencias de distinto orden que, a través de
los tiempos, han enmarcado la vida de los humanos. La fineza intelectual de la
obra, así como la calidad casi profética de algunas afirmaciones,
ponen en evidencia una vez más, el talento multiforme y vigoroso de Lenormand.
El interés por los viajes lejanos, fue
aprendido de su padre y reforzado por su propia mujer. Su sentimiento de que existe
una correspondencia estrecha entre el ser y lo que le rodea, hizo que Lenormand
destacara en el arte de crear una atmósfera como las brumas del Norte,
como los fuertes calores de África, como los sudores de Asia que inspiraron
su teatro o como el paisaje cargado de angustia de "El tiempo es un sueño".
Él mismo insistió en sus "Confesiones" en los lazos estrechos
que unen a los personajes de sus dramas con los países en los cuales se
desenvuelven. No es posible hablar por eso, de color local en los lugares en que
se desarrollan sus obras, ya que jamás tienen por objeto recrear lo pintoresco
sino subrayar, por la extrañeza, la profundidad de los personajes, su complejidad
y participar en el misterio que los envuelve. Nada anecdótico, jamás
apareció bajo su pluma. "Asia" fue estrenada en Barcelona en
1936 y fue recibida sin entusiasmo por el público y la crítica.
Lenormand estrenó en 1936 "La loca
del cielo", un pequeño espectáculo dedicado a Ludmilla Pitoëff
que interpretó maravillosamente a la mujer-gaviota. En 1937 se representó
de nuevo "El Simún" protagonizado por Camille Corney en el Théâtre
des Célestins. En 1939 murió prematuramente Georges Pitoëff
a los 55 años de edad. Fue ya en 1943 cuando se publicaron los dramas de
Lenormand "La casa de las murallas" y "Tierra de Satanás",
año éste en el que también publicó su libro de recuerdos
"Les Pitoëff", y en 1944 inició las tres colecciones de
novelas cortas con "Los desiertos", a la que siguieron "Corazones
ansiosos" en 1947 y "El niño de las arenas" en 1950, que
volvieron a testimoniar la influencia de los lugares en su sensibilidad. Ya en
1949 se publicó su ensayo "Confesiones de un autor dramático"
al que ya me he referido y que constituye un documento precioso tanto sobre su
obra escénica como sobre la vida teatral en el período entre las
dos guerras y testimonian el coraje de sus posiciones políticas bajo el
gobierno de Vichy. En el mismo año publicó su primera novela "Una
chica es una chica" que fue completada con una segunda "El jardín
helado" escrita en 1906.
Henri-René
Lenormand dejó una obra crítica importante durante la Ocupación,
publicada por "Panorama", además de los cuentos recitados "Los
diablos de Brabante", "El arma secreta", "La diferencia, el
pensador y la cretina", escribió los ensayos "Marguerite Jamois"
y "Cielos de Holanda". Escribió la mayor parte de sus obras en
París y su producción dramática consta de cerca de treinta
obras teatrales, dedicadas a los problemas de conciencia. Tras un profundo estudio
del hombre, sus personajes son tipos torturados y hacen pensar que muchos viven
dramas íntimos sobre el escenario, ante el publico. En Lenormand el bien
o el mal están por encima de la voluntad, son algo inevitable, como los
fenómenos físicos de la naturaleza que le sirven a veces de símbolo
o marco para sus obras. Aunque fue representado por los actores, escenógrafos
y directores más grandes del período entre las dos guerras mundiales,
como Pitoëff, Gémier, Baty, Reinhardt... su teatro no duró
mucho tiempo, es como si a fuerza de relatar el crepúsculo y la muerte,
hubiera trabajado para su propia desaparición. Murió el 16 de febrero
de 1951 en París, a la edad de 69 años. Su mujer María Kalff
murió más tarde en 1959, con 85 años de edad.
En
1952 se representaron a título póstumo su adaptación de "Arden
de Feversham" con puesta en escena de Gaston Baty con la Comédie de
Provence en el Casino municipal d'Aix-en-Provence y sus dramas "Una vida
secreta" y "Sortilegios" con puesta en escena de Camille Corney
en el Studio des Champs-Elysées.
Algunos
textos han sido extraidos de "Henri-René Lenormand": Wikipedia
y La Croix.
XAVIER
RIUS XIRGU
álbum
de fotos
volver