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ÁNGEL DE SAAVEDRA, DUQUE DE RIVAS
Ángel
María de Saavedra y Ramírez de Baquedano, más conocido como
duque de Rivas nació en Córdoba el 10 de marzo de 1791, fue dramaturgo,
poeta, pintor y político.
Tanto su padre, marqués
de Rivas de Saavedra, como su madre, procedían de linajes con abolengo
ilustre de Córdoba, por lo que el joven segundón pronto comenzó
a recibir distinciones, como el nombramiento de marqués del Villar, de
Andia y Villasinda, el de caballero de Justicia con la Cruz de la Orden de Malta
a los seis meses de edad, el de capitán de Caballería en el regimiento
del Infante a los siete años, y el hábito de Santiago, a los nueve.
De niño tuvo una educación esmerada a cargo de eclesiásticos
franceses, refugiados en España huidos de la Revolución francesa.
La
epidemia de fiebre amarilla que afligió Andalucía en 1800 llevó
a la familia a Madrid. Dos años más tarde, por muerte del padre,
el primogénito Juan Remigio, heredó el título de duque de
Rivas, y en febrero de aquel mismo 1802, Ángel ingresó en el Real
Seminario de Nobles en Madrid donde permaneció cuatro años. Según
Manuel Cañete, se considera el romance "En una yegua tordilla...",
escrito durante su estancia en el seminario, su primera obra poética conocida.
Se incorporó después al ejército pero como el Pacto de Familia
seguía en vigor, el regimiento del Infante tuvo que marchar al norte de
Europa, por lo que su madre le consiguió en agosto de 1806 una plaza en
la Guardia de Corps, como supernumerario de la Real Persona, en la que su hermano
mayor era ya capitán. En 1807 ya era alférez de la Guardia Real.
Poco después comenzaron las alteraciones políticas motivadas por
la conspiración del príncipe de Asturias, el motín de Aranjuez
y la consiguiente destitución de Godoy, que culminarían con las
abdicaciones de Bayona y el alzamiento del 2 de mayo de 1808. Rotas las hostilidades,
los dos hermanos Saavedra se unieron a las fuerzas del general Gregorio de la
Cuesta, en las cercanías de Salamanca. De aquel año son las poesías
"En un campamento", "A la declaración de España contra
los franceses", "A la victoria de Bailén" y otras, recogidas
luego en la primera edición de sus "Poesías".
Ángel
de Saavedra luchó con valentía contra las tropas napoleónicas
en la guerra de Independencia. El General Castaños le nombró capitán
de la Caballería Ligera y obtuvo también el nombramiento de primer
ayudante de Estado Mayor. Se batió en Uclés, en Talavera y en las
cercanías de Ontígola, donde el 18 de noviembre de 1809, en un desastroso
encuentro con los franceses, cayó gravemente herido y fue dado por muerto;
restableciéndose en el hospital de Baza, donde escribió el conocido
romance "Con once heridas mortales". Convaleciente en su casa familiar
de Córdoba, la entrada de los franceses le obligó a huir a Málaga
y de allí a Gibraltar y a Cádiz, que era entonces la única
ciudad no sometida al enemigo. El tratado de Valençay, firmado el 11 de
diciembre de 1813, dejó a España libre de la presencia extranjera,
pero no evitó la invasión del territorio francés hasta la
derrota definitiva, en la batalla de Toulouse el 10 de abril de 1814, provocando
la abdicación de Napoleón I. Acabada la Guerra de la Independencia
vieron luz en Cádiz sus "Poesías", obra de carácter
neoclásico tal vez por la influencia del poeta español Manuel José
Quintana que le había orientado hacia las artes y a la participación
en la política liberal. Son obras cuya versificación y cuyos asuntos
hallaron inspiración en los autores del Siglo de Oro y en los poetas neoclásicos,
en cuya lectura había formado Ángel de Saavedra su gusto literario.
Presentes están en ellas las bellas pastoras idealizadas, los temas del
beatus ille, del menosprecio de la corte y de la alabanza de aldea. Las poesías
de carácter patriótico están inspiradas en sus experiencias
personales y expresan el exaltado fervor propio de la poesía de aquellos
años. De la colección "Poesías" forma parte, el
poema épico "El paso honroso", escrito ya en 1812 en octavas
reales y que narra la historia de Suero de Quiñones. En el prólogo
Ángel de Saavedra escribió: <<He procurado imitar la sencillez
en el modo de decir y de presentar los pensamientos que ostentan nuestros poetas
del siglo XVI, y aunque no me lisonjeo de haberlo conseguido, me contento solo
con haberlo intentado>>. Gabino Tejado pensó que "El paso honroso"
era el punto de partida de los gustos de su autor por la Edad Media. Sin embargo,
Valera opinó que antes de la emigración ya tenía un amor
por la Edad Media y el Siglo de Oro, que le llevaron a componer romances y dicha
obra. Es indudable que la composición de "El paso honroso" muestra
un interés temprano por la historia nacional remota.
A fines de 1814,
muy de acuerdo con el espíritu de los tiempos, escribió su primera
tragedia neoclásica "Ataulfo", que fue prohibida por la censura,
el 8 de julio de 1816 se puso en escena en Sevilla su tragedia "Aliatar"
con gran éxito, y al año siguiente, la tragedia "Doña
Blanca de Castilla", que se estrenó el 28 de noviembre de 1817. Del
mismo año es la tragedia "El duque de Aquitania" y ya de 1818
la tragedia "Malek Adhel", basada en "Matilde" la novela de
Madame Cottin, y que fue representada en Barcelona. Estas dos últimas obras
se imprimieron en 1821.

Ángel de Saavedra.
Foto Poetas.com
El pronunciamiento
de Riego en las Cabezas de San Juan en enero de 1820, resultó un golpe
de estado que dio comienzo a los tres llamados años de Gobierno Liberal
o trienio Constitucional, en los que el poeta tuvo una destacada actuación
política como diputado. En mayo de 1820, consiguió permiso del nuevo
gobierno para viajar al extranjero. Marchó a París en comisión
de servicio y aprovechó para conocer el mundo cultural de la capital francesa.
Pero el viaje no duraría mucho; Ángel de Saavedra había intimado
en Córdoba con Antonio Alcalá Galiano, que influiría mucho
sobre su ideología política y con quien mantuvo una estrecha amistad
el resto de su vida. Galiano era un liberal exaltado, entonces intendente en Córdoba,
que animó a su amigo a presentarse como diputado a Cortes por aquella provincia.
Este salió elegido en diciembre de 1821 y, a partir de entonces, desarrolló
una activa vida política y parlamentaria que duró hasta la entrada
en España de los ejércitos de Angulema. La segunda edición
de las "Poesías", corregida y aumentada, que incluyó una
nueva versión de "El paso honroso", vio luz en Madrid en 1820,
y reveló, según Jorge Campos: <<una intención de superar
o hacer olvidar la colección anterior>>, y en ellas ya hay elementos
que pueden ser considerados de carácter preromántico.
El 17 de
diciembre de 1822 estrenó en el Teatro de la Cruz, la tragedia "Lanuza"
que, como "El duque de Aquitania", tomó por modelo las tragedias
de Alfieri, tan popular entonces en España. "Lanuza" se representó
seis días en Madrid y la mayoría de la crítica contemporánea
la alabó por el genio de su autor y por su espíritu patriótico.
Al finalizar los tres años de gobierno liberal, trasladarse la sede del
gobierno a Cádiz con el Rey, al que habían incapacitado las Cortes
y su liberación en Sevilla por los franceses el 1 de octubre de 1823, se
produjo la consiguiente desbandada de los liberales, entre ellos, Galiano y Ángel
de Saavedra, que llegaron a Gibraltar en una barca valenciana tres días
después, camino de un exilio que duraría once años. Fue condenando
a muerte por sus creencias liberales y haber participado en el golpe de estado
de Riego en 1820 y además se le confiscaron todos sus bienes. Desde Gibraltar
embarcó Ángel de Saavedra para Inglaterra, en mayo de 1824 y durante
la travesía, emocionado al escuchar unas canciones patrióticas,
escribió a bordo una composición que fue publicada el 1 de agosto
de 1824, anónima, en "El español constitucional" de Londres,
la "Oda. Imitación del salmo super flumina". Y en las páginas
de "Ocios de españoles emigrados" también en agosto apareció
"El desterrado", una colección de poemas que tuvo gran difusión.
Aparte de esta actividad poética se sabe poco de la vida de Ángel
de Saavedra durante los meses que pasó en Londres. Allí le esperaba
Alcalá Galiano, inmejorable guía en aquel floreciente centro de
romanticismo. Desde su estancia en Inglaterra se volvió un romántico
vigoroso, apasionado y original. A finales de diciembre volvió a Gibraltar,
a casarse por poderes con María de la Encarnación de Cueto, hermana
del marqués de Valmar, y con ella marchó en julio de 1825 a los
Estados Pontificios donde no les permitieron residir, por lo que buscaron refugio
en Malta. Allí encontraron un clima ideal, excelente acogida y amigos como
Sir John Hookham Frere, antiguo embajador de Inglaterra en España, gran
conocedor de nuestra literatura y a quien había conocido en París
en 1821. Mucho se ha discutido sobre cuál fue la influencia de éste
sobre el pensamiento y la obra de Ángel de Saavedra. Según el marqués
de Valmar: <<muchas veces me refirió el ilustre poeta la sorpresa
que le causó oír de los labios de aquel antiguo diplomático
inglés, que los cantares rudos y espontáneos del pueblo, las rapsodias
vulgares de la patria, los cuentos y las tradiciones que en forma inculta y desaliñada
había escuchado en Córdoba, en las dulces horas de la infancia,
contienen un fondo de poesía más sincera y más seductora
que la de los más primorosos y acicalados poemas artificiales>>.
Frere le dio a conocer a Shakespeare, Byron y Walter Scott, bajo cuyas influencias
escribió los poemas "El sueño del proscrito" en 1824 y
"El faro de Malta" en 1828, le reconcilió con la antigua literatura
española y le animó a expresar sus emociones por escrito. El poema
compuesto en el exilio "El faro de Malta", muestra ya la evolución
de Ángel de Saavedra hacia un estilo más personal y emotivo. Se
trata de una larga oda en la que establece la simbología de la luz del
faro (liberalismo, romanticismo) que debe servir de guía y no perderse
en el oscurantismo y en métodos anticuados. En 1827 había escrito
la tragedia teatral neoclásica "Arias Gonzalo" que juntamente
con "Malek Adhel" prelúdian en ciertos aspectos el romanticismo,
pues sus protagonistas persiguen un amor imposible y luchan en vano contra unas
circunstancias adversas que acaban por vencerles. En 1828 escribió la comedia
"Tanto vales cuanto tienes". Son también de su producción
los poemas: "A las estrellas", "La niña descoloría",
"Con once heridas mortales" y "Letrilla", así como
los sonetos: "A Lucianela", "A Dido abandonada", "Cual
suele en la floresta deliciosa", "El álamo derribado", "Mísero
leño", "Ojos divinos", Receta segura" y "Un buen
consejo".
En la isla de Malta la familia Saavedra permaneció cinco
años, hasta que en la primavera de 1830 marcharon a la conservadora Francia
de Charles X, cuyo gobierno obligó al poeta a residir en Orleans, donde
dio clases de pintura para sobrevivir. La Revolución de Julio trajo un
gobierno liberal que elevó al trono a Louis Philippe, y el poeta pudo regresar
a París, donde se reunió de nuevo con Alcalá Galiano, a quien
tuvo por vecino. Aunque seguía dedicado a la pintura su situación
económica no mejoraba, por lo que ambos amigos se trasladaron a Tours con
sus familias.
Después de la muerte de Fernando VII en 1833, regresó
a España tras su largo exilio, al recibir la amnistía por estar
comprendido en los decretos dados por María Cristina, reclamando a continuación
su herencia. Era teniente coronel y ascendió en 1833 a coronel de Caballería
Ligera agregado al Estado Mayor de la plaza de Sevilla. Unos meses después
ya en 1834 falleció su hermano mayor Juan Remigio, al parecer, de una apoplejía,
con lo que Ángel de Saavedra se encontró así duque de Rivas,
Grande de España y miembro del Estamento de Próceres en las Cortes.
Ángel de Saavedra, duque de Rivas.
Foto Kalipedia
El 9 de octubre
de 1834 el nuevo duque de Rivas ingresó en la Real Academia Española,
escribió en el "Mensajero de las Cortes" y en el mismo año
publicó el libro de poemas "El moro expósito" en París,
en el que sigue los caminos de Byron y su interés reside precisamente en
haber sido introductor del estilo en España. Las palabras con las que dedicó
la obra a Frere, son las de un discípulo agradecido: <<...Vd. me
ha mostrado, y me ha puesto en este camino en el que he entrado, me temo, con
más atrevimiento que éxito... Repito que temo no haber aprovechado
sus beneficios como debía, al menos no tanto como yo habría deseado.
Con todo, si mi gusto poético ha mejorado, ha sido gracias a Vd. Espero
que esta mejora sea digna de su aprobación y de su aliento>>. Malta
motivó un cambio tan radical como para que solo en un año viera
la luz una obra tan revolucionaria como "El moro expósito", en
la que desarrolló la leyenda de los Infantes de Lara con abundantes variaciones
que incluyen episodios de su invención, digresiones y abundantes descripciones
llenas de elementos costumbristas, de luz y de color. El duque de Rivas fue un
extraordinario poeta narrativo que halló su inspiración en la historia
y en las tradiciones nacionales. De esta época es también el libro
de poemas "Florinda" y una de sus obras más representativa "Córdoba
y Burgos en el siglo XI", leyenda en doce romances sobre el tema de los Infantes
de Lara y el bastardo Mudarra.
El 22 de marzo de 1835, en el Teatro del Príncipe,
tuvo lugar el estreno de su drama en prosa y verso "Don Álvaro o la
fuerza del sino". Los primeros papeles estuvieron a cargo de Concepción
Rodríguez, Julián Romea y Rita Luna, y fue representado en Madrid
once veces aquel año. El drama resume los violentos arrebatos y contrastes
de la obra romántica por excelencia del teatro español. Está
escrita en prosa y verso y en ella se mezcla lo clásico y lo cómico
al estilo del teatro de Lope de Vega, pero en ambientes exóticos y con
un argumento exagerado de muertes, pasiones y tragedias muy del gusto de la época
y que dado el éxito de la obra, tal vez, hizo que el autor siguiera escribiendo
en la misma línea. En cualquier caso la obra tuvo repercusión internacional
y años más tarde se usó como base del libreto de Francesco
Maria Piave para la ópera del compositor italiano Giuseppe Verdi "La
forza del destino". Contó Alcalá Galiano que el argumento de
"Don Álvaro" nació de las conversaciones mantenidas en
Tours entre ambos amigos cuando buscaban argumentos para una obra teatral. Y allí
nació la primera versión del drama, que fue escrita en prosa. Galiano
se encargó de traducirlo al francés y de dárselo a Prósper
Mérimee para que intentara hacerlo estrenar en el Teatro de la Porte Saint-Martin
de París, lo que el escritor francés no hizo. De vuelta ya en España,
el duque de Rivas confesó al conde de Toreno haber quemado el manuscrito
pero éste le animó a ponerlo en verso <<porque debes tener
el argumento en la cabeza y no sería malo>>. Rivas lo escribió
en quince días y se lo dedicó a Alcalá Galiano: <<como
memoria de otro tiempo menos feliz pero más tranquilo>>. "Don
Álvaro" no era el primer drama romántico español estrenado
en España. Se habían representado antes "La conjuración
de Venecia" de Martínez de la Rosa y "Macías" de
Larra, que fueron aceptados por el público y la crítica porque no
eran obras de ruptura con el pasado. Pero "Don Álvaro" traía
la nueva fórmula del romanticismo y las disputas que provocó su
estreno representaban la querella entre clásicos y románticos. Para
Menéndez Pelayo: <<es, a no dudarlo, el primero y más excelente
de los dramas románticos, el más amplio en la concepción,
y el más castizo y nacional en la forma. Inmenso como la vida humana, rompe
los moldes comunes de nuestro teatro aun en la época de su mayor esplendor,
y alcanza un desarrollo tan vasto como el que tiene el drama en manos de Shakespeare
o de Schiller...>>. El sino de Don Álvaro no consiste en ninguna
fuerza exterior y sobrenatural, sino en las circunstancias de su origen y en la
forma con que él, y la sociedad que lo rodea reaccionan frente a ellas
. Los sucesos arbitrarios en la vida de Don Álvaro revelan y en el drama
simbolizan, lo absurda que es la ilusión de encontrar en el amor divino
o en el humano, la clave de una interpretación armónica de la vida.
Don Álvaro es como un hombre que habiendo querido actuar según las
reglas convenidas, descubre que se le hace culpable de delitos que no ha cometido.
Víctima de la injusticia cósmica, Don Álvaro ejerce la única
libertad que se le ha dejado, y se arroja, desesperado, al abismo, en busca del
infierno. Esta nota final de nihilismo y rebeldía separa Don Álvaro
de toda la tradición literaria anterior y coloca a su héroe en un
clima de abierto desafío a Dios y a la sociedad, haciendo de él
el gran símbolo romántico.

Ángel de Saavedra, duque de Rivas.
Foto
Wikipedia
A principios
de 1903, con sólo catorce años, Margarita Xirgu interpretó
a Curra, la fiel criada de doña Leonor, en "Don Álvaro o la
fuerza del sino", con el grupo de aficionados del Ateneo del distrito quinto
de Barcelona.

Figurín
de Doña Leonor de "Don Álvaro o la fuerza del sino", realizado
por Miquel Xirgu.
Archivo Xavier Rius Xirgu
En
1835 Rivas fue elegido presidente del nuevo Ateneo de Madrid. La vida había
cambiado totalmente para el antiguo proscrito liberal, ahora duque, admirado poeta
y autor dramático. Vuelto a la vida política, formó parte
del partido encabezado por Istúriz, que se mantuvo en la oposición
a los sucesivos gobiernos de Martínez de la Rosa, del conde de Toreno y
de Mendizábal. Cuando Istúriz subió al poder en 1836, nombró
a Rivas Ministro de Gobernación o del Interior, de un gobierno formado
por unos prohombres del Trienio que, paradójicamente, representaban ahora
el moderantismo. El efímero gabinete cayó con la "sargentada"
de La Granja, el 13 de agosto. La Reina firmó la disolución del
ministerio, el restablecimiento de la Constitución de 1812 y Rivas tuvo
que apelar de nuevo a la fuga y, a través de Portugal se refugió
en Gibraltar. Allí permaneció hasta que la promulgación de
la nueva Constitución de 1837, le permitió regresar a Cádiz,
y de allí a Sevilla en agosto de este año, donde vivió por
algún tiempo, apartado de la política y dedicado a su familia y
a las letras.
El duque de Rivas escribió en 1841 la comedia de enredo
"La morisca de Aljuar", la comedia en tres jornadas compuesta para el
Liceo Artístico y Literario inspirada en las del Siglo de Oro "Solaces
de un prisionero o tres noches de Madrid", en los "Españoles
pintados por sí mismos" publicó dos artículos de ensayo,
"El hospedador de provincia" y "El ventero", y en en el mismo
año dio a luz su colección de "Romances históricos y
leyendas", su obra poética más conocida de la que se hicieron
diferentes ediciones. Son cinco adaptaciones de leyendas populares en forma de
romance. Quizá se trate de la mayor aportación del duque de Rivas
al romanticismo español evocando las glorias del pasado nacional, y en
cuyo prólogo hizo una apasionada defensa del romance como género
literario y como expresión de la poesía narrativa castellana. Aunque
dicho prólogo está lleno de inexactitudes, es de gran importancia
por constituir una defensa del romance, tan desdeñado, salvo algunas excepciones,
por los neoclásicos. Para el poeta, la popularidad y eufonía del
romance le entregaron <<al brazo seglar de los meros versificados y de los
copleros vergonzantes>> y de este modo se desacreditó. Pero los romances
son <<tan vigorosos en la expresión y en los sentimientos, que nos
encanta su lectura; encontrándose en ellos nuestra verdadera poesía
castiza, original y robusta>> y por ello quiere <<volverlo a su primer
objeto y a su primitivo vigor y enérgica sencillez>>. La defensa
de Rivas sirvió de ejemplo y estímulo a unos contemporáneos
que iban descubriendo las grandes posibilidades que ofrecía el romance
castellano a la nueva literatura. Sus tres leyendas, con brillantes descripciones
y hábil fantasía histórica, "La azucena milagrosa"
publicada en 1847, "Maldonado" publicada en 1852 y "El aniversario"
publicada en 1854, son tres largos poemas narrativos polimétricos en los
que los críticos hallaron más inspiración y belleza que en
las poesías tempranas, y en ellas dominan los temas del patriotismo y de
una religión de carácter popular y milagrero.
Ya en 1842 escribió
el drama romántico en tres jornadas en verso "El crisol de la lealtad",
acerca de la impostura de Lope de Azagra, que dice ser Alfonso el Batallador y
la comedia en tres actos "El parador de Bailén", de carácter
costumbrista. Además realizó varios cuadros de costumbres. Mención
aparte merece "El desengaño de un sueño", un drama de
carácter alegórico-simbólico-fantástico en cuatro
actos de 1844, de puesta en escena tan complicada que no llegó a representarse,
pero muy superior a todas las conocidas. Tras la caída de Espartero, fue
nombrado alcalde de Madrid, formó parte del gobierno provisional y, como
vicepresidente del Senado fue decidido partidario de declarar a la Reina mayor
de edad. El gobierno de González Bravo le nombró ministro plenipotenciario
ante el Rey de las Dos Sicilias, al que presentó sus credenciales en Nápoles
el 11 de marzo de 1844.
Sus relaciones con Fernando II fueron excelentes, y
enamorado del clima de Nápoles y de sus gentes, permaneció allí
seis años que fueron de los más felices y tranquilos de su vida.
Y de los más fecundos, pues además de la obra en prosa de carácter
histórico "Sublevación de Nápoles, capitaneada por Masaniello",
escribió también en prosa el drama "Viaje al Vesubio"
y los dramas "Viaje a las ruinas de Pesto" e "Historia del Reino
de las Dos Sicilias". Es también de su producción la obra teatral
"Los Hércules". La agitación revolucionaria que sacudió
Europa en 1848, dio comienzo, en la península, al movimiento que en pocos
decenios conseguiría la unificación italiana. La intransigencia
del Rey a conceder reformas dio lugar a sangrientos encuentros con los revolucionarios,
aunque los atinados consejos del embajador de España consiguieron algunas
concesiones del Rey. También el Papa hubo de huir de sus Estados, y el
duque de Rivas gestionó el envío de una expedición española
al mando del general Fernández de Córdoba. Recompensa de sus afortunadas
gestiones fueron la cruz de la Orden de Pío X y ser condecorado por Fernando
II. Pero como el monarca napolitano proyectaba el matrimonio de la infanta Carolina
con el conde de Montemolín, pretendiente carlista al trono de España,
el duque de Rivas y el resto de la embajada española abandonaron Nápoles
el 10 de julio de 1850.
De vuelta ya en España, fue nombrado académico
de la Real Academia de la Historia y mantuvo una activa vida intelectual, de la
que eran parte las tertulias literarias de su casa de Madrid, a las que asistía
la gente de letras más destacada. También volvió a intervenir
en la agitada política del momento, pues tras el combate de Vicálvaro,
el 30 de junio de 1854, el general Fernández de Córdoba le nombró
presidente del nuevo ministerio. Al amanecer del 18 de julio juraron los nuevos
ministros, pero a medida que avanzaba el día, iracundo el pueblo por el
matiz conservador del gabinete, levantó barricadas y luchó en las
calles hasta lograr que la Reina llamara a Espartero a ocupar la Presidencia del
Consejo de Ministros. El duque de Rivas había sido presidente del Gobierno
Español -el Consejo de Ministros de entonces- durante sólo dos días
y tuvo que refugiarse en la embajada de Francia. En 1857 Narváez le nombró
embajador en París y allí triunfaron de nuevo su simpatía
y sus dotes de hombre de mundo, pues además era amigo de Napoleón
III y de la emperatriz Eugenia, pero a la vuelta de O'Donnell al poder, dimitió
un año después de su nombramiento. Antes de marchar a Francia había
sido elegido académico y director de la Real Academia de San Fernando,
y después en 1862 lo sería de la Real Academia Española hasta
su muerte.
Como estadista le reprocharon su poca energía y escasa visión
política, cualidades tan necesarias en la España de su tiempo, cuando
el poder estaba repartido entre una Reina que era manejable fácilmente
y los nunca reconciliados intereses de liberales y moderados. Por el contrario,
su actividad diplomática fue brillante y en ella hizo valer méritos
personales nada comunes. Los biógrafos, en suma, han visto en el duque
de Rivas al hombre sincero y caballeroso, de carácter franco y abierto,
buen amigo, de singular sensibilidad artística, de palabra fácil,
con sólidos principios de casta pero sin convicciones firmes, y tan impresionable
que, al decir del marqués de Valmar <<los principios cobraban en
su alma el carácter de sentimientos y no pocas veces de sensaciones>>.
El Excmo. Sr. duque de Rivas fue director de la Academia de las tres Nobles Artes
de San Fernando, y académico de la Española y de la Historia, arcade
de Roma, académico de la de Buenas Letras de Sevilla , de la Pontoniana
y de la de San Lucas de Roma, benemérito de la patria, gentilhombre de
Cámara de S. M., coronel de Estado Mayor y senador vitalicio del reino.
También fue condecorado entre otras con las grandes cruces de Carlos III,
de San Fernando de las Dos Sicilias, de la de Jerusalen, y de la Piana de Roma.
Enfermo
ya desde 1859, se fue extinguiendo lentamente, quedó imposibilitado en
sus últimos tiempos y falleció en Madrid el 22 de junio de 1865
siendo presidente del Ateneo de la capital. Muy pocos meses antes, el 11 de abril
de aquel año, había muerto Alcalá Galiano.
Algunos
textos han sido extraídos de "Ángel de Saavedra, duque de Rivas"
Wikipedia, Epdlp y Biografías y Vidas.
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