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MANUEL FONTANALS Manuel Fontanals Mateu
nació el 26 de julio de 1893 en Mataró (Barcelona) en la calle Barcelona,
fue decorador, diseñador de arte y escenógrafo. Hijo
del ebanista Tomás Fontanals Sivilla y de Rosa Mateu, Tomás gozaba
de gran prestigio por el esmero con que restauraba, reproducía o creaba
obras de arte en madera, como la cruz de Montserrat. Manolo ayudó a su
padre en el oficio en cuanto tuvo capacidad para ello. A los 18 años, alcanzó
a su padre en París, con su madre y dos hermanos menores. Residió
en París hasta finales de 1914, donde comenzó a desarrollar sus
facultades dentro del campo de las artes decorativas, instalándose después
en Barcelona donde empezó sus estudios en la Academia de Francesc Galí
y trabajando en el taller de arquitectura de Josep Puig i Cadafalch natural también
de Mataró, realizando las decoraciones del Cafè Canaletas entre
otros trabajos. Su conocimiento del Noucentisme y el Modernismo data de estas
fechas, pues Galí compartía taller con Esteve Monegal, alumno suyo
y profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes de Barcelona y que en 1917 abandonó
la enseñanza, para dirigir la empresa de perfumería Myrurgia. Cuentan
del padre de Manolo que era un singular personaje, que en algún momento
agotó todos sus recursos en un pasaje de barco a Nueva York, pues quería
probar suerte en América y de ser posible por la puerta grande. Cruzó
el Atlántico, llegó al muelle, miró los rascacielos, se dijo
"Aquí no tengo nada que hacer" y, sin desembarcar, regresó
a Barcelona. En 1917 Manolo comenzó su carrera como escenógrafo,
de forma autodidacta, en el cuento burlesco en tres actos "La princesa que
se chupaba el dedo" de Manuel Abril, representado en el Teatro Eslava de
Gregorio Martínez Sierra. Prácticamente todas las reseñas
del momento destacaron su labor, algo excepcional en una época dominada
por la veneración a las divas del escenario, aunque lo calificaron de "pintor
catalán". Completó su conocimiento de la escenografía,
con un viaje a Alemania en 1919. En este mismo año realizó tres
montajes más, estableciéndose como escenógrafo del "Teatro
del Arte" de Martínez Sierra. Participó, pues, en esta renovación
teatral junto a otros importantes escenógrafos como Burmann o Mignoni.
Fontanals trabajó también en esta época en el "Gran
Teatre del Liceu" de Barcelona. Realizó en 1921 los diseños
completos de decorados y vestuario de "La hora del diablo" de Gregorio
Martínez Sierra para su compañía y de "Don Juan de España"
también de Martínez Sierra, donde propuso una escenografía
de colores intensos y figuración sintética. Para el mismo director
llevó a cabo en 1923 la escenografía de "El pavo real"
de Eduardo Marquina, donde se decantó por armonías cromáticas
a cargo de un color dominante. Éste fue uno de sus trabajos más
reconocidos de esta primera época. "El pavo real" había
sido versificado por Eduardo Marquina a partir de la misma obra en prosa de María
Lejárraga, esposa de Gregorio Martínez Sierra. 

Dos
decorados modernistas de Manuel Fontanals para "El pavo real" de Eduardo
Marquina.
Foto: Infoartedigital Durante
la década de 1920 no solo trabajó para Martínez Sierra, sino
también para Marquina o Amadeu Vives, para quien realizó los importantes
decorados de "Doña Francisquita" en 1923. Por aquel entonces
se encontraba impregnado de una estética modernista, donde la curva y el
color poblaban la mayoría de sus creaciones. Se vio influido, por cierto
expresionismo y un menor grado del colorido fauvista que portaba Burmann de su
estancia en París y que él mismo también vivió allí
durante sus años de juventud. En 1924 trabajó en Milán con
el grupo experimental "Teatro del Covegno", para el que hizo escenografías
de obras de Goldoni ("Gli innamorati"), Pirandello, Lenormand, Ostrowsky
y otros. En Italia colaboró también con Gabriele D'Anunzio. Manolo
en 1925 regresó a París cumpliendo encargos de las empresas teatrales
del Odéon, la Ópera y el Palace, y emprendió su primer trabajo
cinematográfico en "Le criminel" de Alexandre Fydor, un dramón
ambientado en España. En 1925, Fontanals realizó con el arquitecto
Pascual Bravo un quiosco hexagonal de formas caprichosas, para el Pabellón
de España en la Exposición de las Artes Decorativas de París.
Para la compañía de Jaime Borrás, llevó a cabo los
decorados de cinco obras capitales dentro del teatro catalán: "El
místic" de Santiago Rusiñol, "Lo ferrer de tall"
de Frederic Soler ( Serafí Pitarra), "Les garses" de Ignasi Iglésias
, "Mossèn Janot" y "Terra Baixa" ambas de Àngel
Guimerà. Su colaboración con Gregorio Martínez Sierra finalizó
con el estreno en el Teatro Infanta Beatriz de su comedia "Triángulo"
en 1929. Paralelamente a estos trabajos escenográficos, Fontanals trabajó
en la ilustración de libros en la Editorial Estrella, que dirigía
Martínez Sierra el mismo creador del "Teatro del Arte". Su labor
como cartelista fue notable, realizando muchos carteles, al estilo modernista,
sobre la compañía y explotando sobre todo la imagen de Catalina
Bárcena, primera actriz de la misma. También en 1929 participó
en la Exposición Internacional de Barcelona, trabajando en el diseño
del pabellón del Pueblo Español, para el que realizó diversos
dioramas de las capitales del estado. Fontanals en este mismo año llevó
a cabo con la colaboración del escenógrafo Néstor de la Torre,
los figurines del ballet de "Triana" de Isaac Albéniz, para la
compañía de ballet español de Antonia Mercé "La
Argentina" en el escenario del debú: la "Opera Comique"
de París. El programa lo integraban varios ballets: "Juerga"
con libreto de Tomás Borrás y música de Julián Bautista;
"El contrabandista" con libreto de Cipriano Rivas Cherif, música
de Oscar Esplá y figurines de Salvador Bartolozzi; "Sonatina"
con música de Ernesto Halffter; "El fandango del candil" de Enrique
Granados y "Triana" de Isaac Albéniz. En París, Manolo
colaboró con Firmin Gémier, actor, director y gerente teatral; que
preconizó la necesidad de fundar un teatro nacional. Durante los años
´30 Manolo trabajó para Rivas Cherif, Margarita Xirgu y Federico
García Lorca, entre otros como Eduardo Marquina o Jacinto Benavente.
El 8 de marzo de 1933 la Compañía de Josefina Díaz de Artigas
estrenó, en el Teatro Beatriz de Madrid, el drama "Bodas de sangre"
de Federico García Lorca, con decorados de Santiago Ontañón
y Manuel Fontanals junto con los figurins de Monfort. El 28 de septiembre de 1933
la Xirgu actuaba al Teatro Poliorama de las Ramblas de Barcelona y apareció
García Lorca en el suyo camerino. Estaba de paso por Barcelona, a punto
de embarcar rumbo en Montevideo a bordo del "Cuento Grande", con el
escenógrafo Manuel Fontanals, grande admirador de Margarita y muy buen
amigo de Santiago Ontañón. A la capital uruguaia iban a preparar
el montaje de "Bodas de sangre", en una representación única,
al aire libre, con cargo a la Compañía de Lola Membrives. Lola Membrives
estrenó también al Teatro Avenida de Buenos Aires la versión
completa de "La zapatera prodigiosa" el noviembre de 1933 con decorados
y figurines de Manuel Fontanals. Lorca añadió canciones y bailes
a esta versión, que años antes había estrenado Margarita
Xirgu y que Lola Membrives representó de nuevo en España, el 1935
al Teatro Coliseum de Madrid, en versión convertida en ballet. 
Federico García Lorca y Manuel Fontanals
observando la maqueta de una escena de "La zapatera prodigiosa". Foto:
Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken Manuel
Fontanals, entre octubre de 1933 y marzo de 1934 hizo la gira hispanoamericana
de la Compañía de Lola Membrives, junto con García Lorca.
Margarita Xirgu estrenó "Yerma" de Gracía Lorca, el 29
de diciembre de 1934, al Teatro *Español de Madrid con decorados de Manuel
Fontanals. A última hora Federico García Lorca decidió que
los decorados los hiciera Fontanals, aunque ya estaban encargados a Alberto Sánchez
Pérez que tantas otras veces había hecho los decorados por La
Barraca. Fontanals concibió uno armonioso escenario, cono una aldea
de colinas sudabas, casas encaladas, cielo muy azul y sensación de placidez.
Margarita Xirgu representó al Teatro Barcelona la versión lorquiana
de "La dama boba" de Lope de Vega el 10 de septiembre de 1935 con decorados
y figurines de Manuel Fontanals. "Doña Rosita la soltera o El lenguaje
de las flores" de Lorca con decorados de Sigfrido Burmann , figurines femeninos
de Manuel Fontanals y figurines masculinos de Manolo Muntanyola, fue estrenada
el 12 de diciembre de 1935 en el Teatro Principal de Barcelona, también
por la Compañía de Margarita Xirgu.

"Doña Rosita la Soltera o el lenguaje de las
flores" de García Lorca con decorados de Manuel Fontanals. Compañía
de Margarita Xirgu, Barcelona en 1935. Foto:
Infoartedigital Colección
figurines Doña Rosita la soltera realizados por Manuel Fontanals archivo
Jordi Rius Xirgu 
Vestido
de Margarida Xirgu en el papel de Doña Rosita. Foto:
Colección de escenografia del Instituto del Teatre de la Diputación
de Barcelona



Vestido,
sombrero y paraguas de Doña Rosita la Soltera
Colección de escenografia del Institut del Teatre de la Diputació
de Barcelona. 
Figurín de Manuel Fontanals. Archivo
Xavier Rius Xirgu 
Firma de Manuel Fontanals en sus figurines.
Archivo Xavier Rius Xirgu Manuel Fontanals inició
el año 1936, realizando escenografías para el grupo "Nueva
Escena" dirigido por Rafael Alberti y María Teresa León. "Nueva
Escena" fue la sección teatral de la "Alianza de Intelectuales".
Realizó también la escenografía para la película "Bohemios"
de Francisco Elías, en Barcelona, y comenzó la gira latinoamericana
con la compañía de Josefina Díaz. El 18 de agosto Fontanals
esperaba en Madrid a que Federico García Lorca confirmara su regreso de
Granada, para empezar a trabajar en las propuestas escenográficas de su
siguiente obra de teatro "La casa de Bernarda Alba", como ya lo había
hecho con "Bodas de sangre" y "La zapatera prodigiosa" en
1933, con "Yerma" en 1934 y con "Doña Rosita la soltera
o El lenguaje de las flores" en 1935. En cambio, llegó la noticia
de que Federico había sido arrestado por los insurrectos fascistas franquistas.
La noticia de la muerte del poeta tardó unos días en llegar. Cuando
se divulgó, Manuel Fontanals tomó la decisión más
importante de su vida: si no se habían detenido ante una figura del prestigio
de Federico, ¿qué porvenir les esperaba a todos los relacionados
con la cultura de la República? En aquel momento, Manuel estaba por salir
a Buenos Aires con la compañía de Gregorio Martínez Sierra,
pero el sentido común le recomendó hacerlo con otra identidad. En
cuanto el barco dejó la costa, ya estaba convencido de que no volvería
a España hasta que terminara el horror que acababa de comenzar. Las fuentes
no se ponen de acuerdo en si primero realizó la escenografía para
el film "Bohemios" de Francisco Elías en Barcelona y luego volvió
a México donde ya quedó exiliado, o si acometió en primer
lugar los decorados del film y luego se embarcó en la gira de la Compañía
de Gregorio Martínez Sierra o la de Josefina Díaz de Artigas y Manuel
Collado dando con sus huesos en México, sin posibilidad de regresar luego
a España, pero lo cierto es que fue a parar refugiado político y
exiliado, al país azteca. Como consecuencia pues del exilio forzoso por
la Guerra Civil española, se estableció definitivamente en México
como el escenógrafo español de mayor prestigio.
Después
de trabajar para el teatro en Buenos Aires, llegó a Ciudad de México,
donde cumplió un encargo: la barra del "Ciro's", el elegantísimo
restaurante del "Hotel Reforma", que pasó a la mitología
urbana como la barra más grande del mundo, una elipse de madera imponente,
como serían después los murales que añadió Diego Rivera.
Fontanals participó de inmediato en la ineludible tertulia en la cafetería
del "Hotel Regis", donde se reunía la pequeña comunidad
cinematográfica. Conoció a dos amigos que destacaron tras abrir
un pequeño estudio fotográfico a principios de los treinta, Gabriel
Figueroa y Gilberto Martínez Solares. Ambos le convencieron de que no volviera
a la Argentina, prediciendo que Fontanals tenía un soberbio porvenir en
México, pues escenógrafos como Jorge Fernández, Fernando
A. Rivero y Ramón Rodríguez Granada apenas podían cumplir
con la creciente producción de películas; al mismo tiempo, las noticias
que llegaban de España no podían ser más desalentadoras:
el gobierno mexicano tiró de todos sus hilos diplomáticos en auxilio
de una República asediada, sin éxito. Fontanals advirtió
las innumerables posibilidades del ambiente cultural de Ciudad de México
y no le pesó quedarse. Debutó en el cine mexicano
con "María", en 1938, de Chano Urueta aunque él ya había
trabajado en España para el cine. Aquel año realizó la escenografía
también de "El señor alcalde" con el estreno de Martínez
Solares como director. Al año siguiente ya no descansó y colaboró
en ocho películas; dando inicio así a una de las trayectorias de
mayor prestigio en un cine que se distinguió durante los decenios siguientes,
por la calidad de sus realizaciones. Pero en 1939, se convirtió en un adelantado:
en junio llegó a Veracruz el "Sinaia" con 1.681 refugiados que
huían de la guerra, comenzando la oleada de republicanos españoles
que encontraron en México un destino, para muchos, prolongado toda la vida.
Entre ellos vinieron compañeros de la experiencia con Lorca, como Eduardo
Ugarte, misántropo convertido en uno de los amigos íntimos de Fontanals,
y cineastas que recibieron de los contactos del escenógrafo una bendición
laboral. Se desarrolló un cine español a la mexicana, a veces a
cargo de directores españoles, a veces también mexicanos, que se
beneficiaron del oficio de Fontanals, de su atención al detalle, la precisión
y las soluciones visuales espectaculares con unos cuantos elementos. Mientras
se desarrollaba la construcción de un decorado que no le convencía,
Fontanals llegaba al día siguiente con algún elemento creado en
su taller (un cuadro, un crucifijo cuidadosamente envejecido), lo colocaba en
su sitio y se alejaba dándole la espalda, seguro del efecto. En 1939 recibió
el premio de la Asociación de Periodistas Cinematográficos de México
por los decorados de "Miente y serás feliz" de Raphael J. Sevilla. Fontanals
en 1940 realizó la escenografía de "Carmen" de Prosper
Mérimée en el Teatro Bellas Artes de México. En dicha escenografía
se puede observar una continuación de las formas que se venían haciendo
en España durante la República, con cierto pictoricismo españolista,
tal vez incluso andalucista, que al fin y al cabo es lo que reclamaba la obra.
Se puede ver una escena callejera, donde la ciudad, quizá Sevilla, se muestra
de forma realista, pero no con un sentido de engaño del ojo a la manera
tradicional, sino buscando arquitecturas más falseadas, casi sin perspectiva,
aunque mantiene dos puntos de fuga a través de los cuales entre la luz. 
Boceto
escenográfico de Manuel Fontanals para "Carmen" en el Teatro
Bellas Artes de México. Foto: Infoartedigital. Uno
de sus mayores logros fue el de satisfacer a la pareja Emilio Fernández-Gabriel
Figueroa, director y fotógrafo respectivamente, junto a los que recibió
la mayoría de los premios de su carrera. El director Emilio Fernández,
llamado el "Indio", fue uno de los más peculiares del cine azteca,
y comenzó a trabajar con Fontanals en "La isla de la pasión"
en 1941. En 1942 realizó los decorados y figurines de "Dos Mexicanos
en Sevilla" de Carlos Orellana. Es considerado uno de los más grandes
escenógrafos del cine mexicano junto a José Bracho, Edward Fidgerald,
Jorge Fernández o Gunther Gerszo. En aquellos primeros años de su
exilio, trabajó para muy diversos directores, ya que las películas
contaban con muy bajos presupuestos y se realizaban en poco más de un mes
de rodaje. En una de las películas en las que participó como escenógrafo
en 1942 fue "Jesús de Nazareth" de José Díaz Morales,
que contaba con 70.000 pesos de presupuesto, algo así como 2.100 euros,
por lo que tuvo que ingeniárselas para poder sacar adelante los decorados
realizándolos a base de bocetos corpóreos sobre fondo de ciclorama
-cielo abierto, fondo liso- que parecía una idealización del artista;
y en realidad era el recurso del artista para que la producción saliera
más barata. Una columna, un pórtico, un árbol sobre un campo
desolado, daban una impresión más fuerte que los decorados barrocos
de los judíos de Hollywood. Esta observación da una idea de cómo
se trabajaba entonces, aunque no hemos de llevarnos a engaños, Fontanals
llegó a tener una consideración muy alta, cobrando un elevado salario,
caro para muchos de los grandes directores de México. Pero lo que de
verdad atrajo siempre a Fontanals fue el teatro. Si bien su carrera cinematográfica
está bien documentada, de la escenografía teatral que en México
llevó a cabo, apenas hay datos. Se sabe que al poco de llegar a México,
inserto aún en la compañía Díaz-Collado, llevó
a cabo los decorados de una comedia de Alejandro Casona, para la cual ingenió
una escenografía acorde con el presupuesto que contaban, a base de poner
los papeles con los que el restaurante del hotel anunciaba el menú, que
contaban con un adorno cubista, y un tapón-corcho de las cervezas, que
con su forma circular en el centro del adorno cubista, aportaban relieve. Fontanals
recogió muchos de estos utensilios y los colocó en el telón
de fondo. Al verlos Casona, se dirigió a él como si fuera un genio,
pero tras subir al escenario y observarlos de cerca, dándose cuenta de
lo que eran en realidad, dijo que una obra suya no podía estrenarse con
tanta miseria. También realizó la escenografía de "Doña
Francisquita", con puesta en escena de Rafael Banquells. Era una zarzuela
de Amadeu Vives de la que ya había realizado la escenografía en
España, en 1923. En esta ocasión repitió los decorados que
había hecho en su juventud, por lo que no se pudo apreciar ningún
alarde de originalidad, pese a lo cual tuvo gran importancia e influencia en los
que se dedicaron a la decoración de zarzuelas. Fontanals ya era un maestro
reconocido en 1944, contratado por la floreciente "Films Mundiales",
para realizar los decorados, escenografía y vestuario del film "Bugambilia".
La película tuvo un tormentoso rodaje (el director del film el "Indio"
acosaba a Dolores del Río, abofeteaba en público al actor Alberto
Galán, caía víctima de fiebres histéricas y dejaba
la dirección en manos de un aterrado Gabriel Figueroa hasta la fecha sólo
director de fotografía) y finalmente murió el presidente de la empresa,
Agustín J. Fink; se hizo cargo provisionalmente del puesto Diana de Subervielle,
una de las jóvenes más destacadas y codiciadas de la alta burguesía
mexicana. Fontanals se presentó en las oficinas para tratar algún
asunto relacionado con los presupuestos de aquella superproducción concebida
en el infierno. Pidió ver al gerente, se le informó que se trataba
de la señorita Subervielle, y contestó: "Yo con mujeres no
hablo". Diana lo supo, exigió su presencia y, en cuanto lo vio, se
dijo: "Este es el hombre con el que me voy a casar". Lo consiguió
y fue un matrimonio ejemplar hasta la muerte de ella, en 1971, a los sesenta años.
Fontanals pese al éxito y al reconocimiento, no dejaba de recibir, como
duchas de agua helada, las noticias procedentes de España que elogiaban
las películas mexicanas en las cuales intervenía, pero omitían
su nombre disimuladamente o, peor aún, se le premiaba en el Congreso Internacional
de Cinematografía de Madrid y sólo se mencionaba el título
de la película. En México, no mucho más
tarde, Fontanals se casó con la aristócrata Diana de Subervielle,
hija del conde del mismo nombre, a la que él mismo declaró ser el
amor de un cuento optimista. Encontró en su esposa una mujer ideal que
comprendió y supo interpretar su alma de artista, convirtiéndose
en un gran apoyo para él. Del matrimonio nacieron cuatro hijos. Aprovecharon
una vieja finca de Coayacán donde reconstruyó una hermosa casa con
salones decorados a la sazón con estilo clásico y severo colonial,
todo muy sobrio. Allí vivió aislado del mundo, inmerso en sus proyectos
artísticos y recibiendo a sus discípulos. En México se convirtió
en el escenógrafo más significativo de su potente industria cinematográfica.
Fue colaborador del Indio Fernández y de Roberto Gavaldón, ilustró
las películas donde actuaba María Félix, Dolores del Río
o Pedro Armendáriz, y que iluminaban Gabriel Figueroa o Álex Philips.
E incluso, traspasando las fronteras de la ficción, les proyectó
y decoró sus casas. Ocupó casi todo su tiempo con la escenografía
cinematográfica, realizando los proyectos en su casa de Coayacán. En
la foto que se reproduce a continuación, documentada por Antonina Rodrigo,
aparece Manuel Fontanals junto a Margarita Xirgu y otros actores de su compañía,
en el estreno de "La dama del Alba" de Alejandro Casona el 3 de noviembre
de 1944 en el Teatro Avenida de Buenos Aires, lo cual podría llevar a pensar
extrañamente, que también Fontanals trabajase para su estreno en
Argentina o que se utilizaran los mismos decorados para posteriores ocasiones,
aunque también es posible que fuese llamado ex profeso para el trabajo
en cuestión, pues no cabe imaginar que aparezca saludando desde el escenario
siendo tan solo un invitado; pues es sabido que esa obra fue escenografiada por
Santiago Ontañón. 
Margarida
Xirgu, Isabel Pradas, Amelia de la Torre, Teresa León, Susana Canales,
Francisco López Silva, Alberto Closas, Gustavo Bertot, el escenògraf
Manuel Fontanals i altres actors saluden al públic junt amb Alejandro Casona,
en l'estrena de "La dama del alba" En
1944 colaboró de nuevo con la pareja Emilio Fernández-Gabriel Figueroa,
director y fotógrafo respectivamente en el film "Las abandonadas".
Manuel Fontanals, fue quizás uno de los más grandes diseñadores
de arte y escenógrafos durante la llamada "Época de Oro del
Cine Mexicano". Fue miembro destacado del "Sindicato de Trabajadores
de la Producción Cinematográfica", de la "Asociación
de Periodistas Cinematográficos de México" y de la "Academia
Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas" que cofundó
en 1946. Este mismo año realizó la escenografía del film
"Soy un prófugo" de Miguel M. Delgado y colaboró de nuevo
con la pareja Emilio Fernández-Gabriel Figueroa en el film "Enamorada".
En 1947 recibió el Premio Ariel de la Academia Mexicana de las Ciencias
y Artes Cinematográficas por la escenografía de la película
"Río escondido" de Emilio Fernández el "Indio".
Francisco Ayala describió así una de las escenas de "Río
Escondido": <<...un montón de escombros, el atrio de una iglesia,
una plaza de ruinas inhóspitas y el horizonte agobiante, son los límites
abstractos de una plástica funeraria de la provincia>>. En 1948 colaboró
de nuevo con la pareja Emilio Fernández-Gabriel Figueroa en los films "Maclovia"
y "Pueblerina". Fontanals en 1949 recibió el segundo Premio Ariel
de la Academia Mexicana de las Ciencias y Artes Cinematográficas por la
decoración de la película "La malquerida" de Emilio Fernández
el "Indio". En 1950 colaboró de nuevo con la pareja Emilio Fernández-Gabriel
Figueroa en el film "Duelo en las montañas". Antes de 1950
Fontanals ya trabajaba en el Teatro Bellas Artes de México D.F. y realizaba
muchas escenografías para el teatro en aquella ciudad, pero no solo trabajó
en el cine y el teatro, también se dedicó a la decoración
de interiores de mansiones o tiendas de lujo, como el restaurante "Les Amassadeurs"
del también catalán Dalmau Costa, pues ya se había instruido
en ello con Josep Puig i Cadafalch durante su juventud en Barcelona. También
creó el "Cine Magerit" en México, así como le encargaron
diseñar un cementerio. Recibió el encargo de una empresa particular
que quería convertir un hermoso suburbio de San Ángel en camposanto,
pero no en uno cualquiera, sino en un cementerio elegante y especial, dedicado
a la gente más pudiente. Manuel Fontanals diseñó un cementerio
de la única manera que sabía hacerlo, de teatro, con cruces estilizadas
en las esquinas y austero a la par que modernista. En 1957 realizó la escenografía
para "El mundo de cristal", con puesta en escena en el Teatro Fábregas
de su vieja amiga Margarita Xirgu a partir de una traducción de Luis Basurto
de "El zoo de cristal" de Tennessee Williams. El boceto sugirió
formas avanzadas y modernas, donde la importancia recayó en elementos menos
plásticos, pero no por ello menos importantes, como la luz. Fue un decorado
más acorde con las nuevas tendencias que ya se daban en Europa desde Appia
y Gordon Craig, no obstante no se abandonó a la abstracción, y mantuvo
referencias arquitectónicas que, sin embargo, no prevalecen a la luz, sino
que se equiparan. Se apreció una importante evolución tal vez influenciada
por su trabajo en el cine, donde la luz cobró una importancia mayor, máxime
en las obras en blanco y negro que se daban por entonces. 
Boceto
escenográfico de Manuel Fontanals para "El mundo de cristal",
representado por Margarita Xirgu en el Teatro Fábregas en 1957. Foto:
Infoartedigital
Trabajó
en 1960 en el film de Roberto Gavaldón "Macario" y en 1966 colaboró
de nuevo con la pareja Emilio Fernández-Gabriel Figueroa en el film "Un
dorado de Pancho Villa". Hasta su muerte realizó más de 240
películas como director artístico, decorador, escenógrafo,
diseñador de vestuario,
Trabajó junto a los mejores intérpretes
del cine mexicano como Dolores del Río, María Félix, Mario
Moreno "Cantinflas"
y los más grandes directores, tales
como Emilio "Indio" Fernández (que solo le solicitaba como escenógrafo
a él), Roberto Gavaldón, Jaime Salvador, Carlos Velo, José
Díaz Morales, Ramón Pereda o Ramón Peón, entre otros. Manuel
Fontanals asimilado, sin embargo, a las circunstancias mexicanas, diseñó
casas para los amigos en sus últimos años. Con todo, tras la muerte
de su esposa Diana en 1971, decidió borrar las pruebas de su paso por el
mundo: reconstruir su vida y obra es una labor casi imposible, después
de que él mismo quemara sus documentos personales, los planos de casas,
decorados, fotografías, correspondencia,... Quemó todas las naves
de su biografía, su plan era desaparecer, no dejar rastro, paradoja en
un arquitecto cuyas casas aún están en pie, cuyas escenografías
aparecen en cada nueva exhibición de sus centenares de películas.
El misterio Fontanals fue su última, minuciosa y estilizada escenografía.
Aislado en su mundo de diseños, de soluciones geniales para las narraciones
más disparatadas, la muerte de su compañera constituyó la
condena a un aislamiento, que acaso fue un lento proceso iniciado con la muerte
de García Lorca y el exilio; remató su vida y logros con una obra
de genio, la casona de "El castillo de la pureza" película de
Arturo Ripstein, que reproducía, en un plató de los estudios Churubusco,
las viejas casas del centro de Ciudad de México con todo detalle. Al concluir
el rodaje, concedió la única entrevista de su vida a la publicación
"Esto", el 10 de septiembre de 1972 y una semana después murió.
Recibió su último premio Ariel de la Academia Mexicana de las Ciencias
y Artes Cinematográficas por la escenografía de esta última
película. Algunos textos han sido extraídos
de "Cine y teatro desde el exilio. Manuel Fontanals" de Javier Torras
de Ugarte álbum
de fotos XAVIER RIUS XIRGU
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